El pasado viernes 6 de febrero, la Sala Pelícano de A Coruña se transformó en un espacio donde la tradición y la electrónica se dieron la mano sin complejos. Baiuca llegaba a A Coruña con su gira “Fin do barullo” , con la que termina la presentación de su último trabajo, en una sala llena pero con el espacio perfecto para poder bailar y disfrutar del concierto.
El público era un auténtico mezcladillo de gente de edades y estilos diferentes pero todos con una cosa en común: ganas de dejarse llevar. La Pelícano, con su potente sistema de sonido, su juego de luces y la gran pantalla presidiendo el escenario, se presta como pocas salas a una propuesta como la de Baiuca, donde el impacto sensorial es clave.
Y no defraudó.
La electrónica envolvente, los ritmos tradicionales y ese trance hipnótico tan característico del proyecto conectaron con el público desde el primer minuto, sin necesidad de calentamientos.
Baiuca en un primer momento salió solo al escenario pero no estuvo solo por mucho tiempo. Durante la noche fueron uniéndose a él en el escenario diferentes colaboraciones que elevaron aún más el concierto. En un primer momento no se hizo esperar el salto al escenario de las cantareiras Alejandra y Andrea Montero y por otro lado a Xosé Lois Romero a la percusión. Más tarde se uniría también Antía Muíño, aportando con su voz matices y capas a un directo que no dejó de crecer en intensidad.
La salida a escena de Felisa Segade fue uno de esos momentos más íntimos con su aparición en el escenario, terminando por todo lo alto con uno de los momentos más animados de la noche con el tema “Vai tu” arrancando una ovación sincera de una sala que ya estaba completamente entregada.
Buena parte de la energía de la noche venía directamente de los temas de su último disco, “Barullo”, que enseguida empezaron a sonar al inicio de la noche, canciones como “Rachafaldra” o “Sementei”. Un trabajo que ha cristalizado el sonido más arriesgado y expansivo de Baiuca. En él, la música tradicional gallega se entrelaza con bases electrónicas densas y texturas envolventes. Barullo no es solo una colección de canciones; es un manifiesto que desdibuja fronteras entre géneros y que en directo se convierte en un torrente de sensaciones.
También sonaron temas anteriores como “Diamante” que comparte con Alba Reche o “Veleno” que comparte con el asturiano Rodrigo Cuevas mostraron esa mezcla perfecta entre raíces y modernidad que tanto conecta con el público actual.
No era solo un concierto: era una celebración colectiva, un espacio compartido donde la música tradicional gallega se mezclaba con pulsos electrónicos y estallidos de rave sin perder identidad.
La puesta en escena tuvo un papel fundamental. La pantalla de la Pelícano, situada al fondo del escenario, acompañó el viaje musical con visuales que reforzaban esa sensación de trance folclórico. Todo estaba pensado para que el público no solo escuchara, sino que se sumergiera. Luces, sonido y visuales trabajaban juntos para construir una atmósfera envolvente que hacía olvidar el paso del tiempo.
Durante las casi dos horas de concierto, Baiuca repasó tanto temas nuevos como canciones ya conocidas, logrando que nadie se quedara fuera. El equilibrio entre pasado y presente fue uno de los grandes aciertos de la noche.
Lo más destacable, quizá, fue la integración total del público. Desde el inicio hasta el final, la sala se movió al mismo ritmo. Había grupos bailando muiñeiras como si estuvieran en una romería al aire libre, otros dejándose llevar por el pulso electrónico más cercano a una rave, y todos compartiendo un buen rollo contagioso. No importaba la edad ni el estilo: la música hizo de pegamento.Fue una noche de trance colectivo, de tradición reinterpretada y de electrónica con raíces. Baiuca volvió a demostrar que su propuesta no solo se escucha, se vive, y sigue más viva que nunca.




