El 14 de Marzo dentro de la Sala Inn, con sus vistas al mar, la humedad exterior quedaba olvidada: el clima lo marcaban los sintetizadores, las luces y un público entregado. Ver a Miss Caffeina en un recinto así es comprobar que su pop-electrónico funciona igual de bien en estadios o festivales multitudinarios que en salas íntimas: una fiesta donde está permitido llorar y bailar al mismo tiempo.
Los primeros compases respiraron la idea del BUENASUERTE TOUR: formato más teatral, cercanía y visuales que no son adornos sino el hilo conductor. Con una puesta escena preparada para un escenario mayor que el de la sala, pero que decidieron mantener en su totalidad y ajustar para dar el mismo show que en otros escenarios más grandes.
En esta ocasión además de los componentes de la banda Alberto Jiménez, Sergio Sastre y Antonio Poza la puesta en escena estaba apoyada en tres bailarines, los mismos que les habían acompañado en su paso por el Benidorm Fest.
Al inicio del concierto los bajos de “Buenasuerte” golpearon la sala con cuerpo físico y la producción demostró que las canciones del nuevo disco fueron concebidas para explotar en directo.
En el centro del concierto la dramaturgia tomó forma. La banda alternó los estrenos del álbum "BUENASUERTE" —temas como “Debería estar brillando”, “Argumento de mierda” y “Que seas feliz” una canción que habla de cómo una antigua pareja rehace su vida — con clásicos que no perdonan: la reacción del público ante “Merlí” y “Reina” así lo demostraron. Un recorrido por las fases del duelo contado con rabia electrónica y honestidad descarnada. El resultado oscilaba entre la euforia y la confesión íntima.
Como en los mejores directos de Miss Caffeina, hubo un paréntesis de calma: las luces se estrecharon, la sala se hizo pequeña y la letra ganó espacio. La sala se convirtió en una especie de piano bar, con Alberto en medio del escenario creando un espacio íntimo. En temas más pausados —“Intemperie”, “Argumento de mierda”— el silencio fue sepulcral, roto por voces que recitaban fragmentos. Allí se comprobó que Alberto no solo canta; transmite. Convirtió esos instantes en confesiones compartidas.
Miss Caffeina entra por los ojos tanto como por los oídos. La puesta en escena, la coreografía, la integración de danza, visuales y, por supuesto, el vestuario de Alberto elevaron la experiencia. La puesta en escena también incluía al público, los bailarines se pasaban una pequeña cámara enfocando al público, cuya imagen se proyectaba en las pantallas, bajando entre el público en algunos momentos del concierto.
El tramo final fue un crescendo auténtico: himnos de siempre y cortes nuevos se entrelazaron, canciones como “Prende” y “Para toda la vida” o el incombustible “Mira cómo vuelo” volvieron a probar la comunión banda-público: manos al aire, saltos, gritos, y esa sensación de que nadie quería que se encendieran las luces.
Dos cosas quedan claras: su evolución del indie-rock guitarrero a un pop electrónico sofisticado ha sido coherente y potente; y que en directo son aún más grandes que en disco. "BUENASUERTE" gana dimensión cuando se interpreta en vivo: su storytelling sobre el duelo y la ruptura se transforma en un ritual colectivo, liberador y bailable. Miss Caffeina sabe convertir la vulnerabilidad en celebración, la fiesta para quienes aprendieron que bailar es la mejor forma de sobrevivir.
Os dejamos con la galería de fotos del concierto:










