Jorge Drexler llega a A Coruña con la gira de su nuevo disco “TARACÁ”

El próximo 21 de noviembre, A Coruña se convierte en cita obligada para los amantes de la música iberoamericana, cuando el uruguayo Jorge Drexler suba al escenario del Palacio de la Ópera para presentar su más reciente trabajo, “TARACÁ”, lanzado en marzo de 2026. Drexler, conocido por su estilo único y su sensibilidad poética, ha construido una carrera impecable con quince discos de estudio y giras por todo el mundo, dejando una huella indeleble en la música contemporánea. En esta nueva propuesta, Drexler no viene solo: estará acompañado por siete músicos en un espectáculo que combina innovación escénica y sonoridades inéditas, donde el candombe uruguayo se convierte en hilo conductor de un repertorio que mezcla lo nuevo con lo mejor de su extensa trayectoria. Cada canción de “TARACÁ” promete transportar al público a un universo sonoro lleno de emociones, conexiones y experiencias compartidas que solo la música en vivo puede ofrecer. Este concierto es más que una presentación; es la op...

Sin artificios, sin pausa, sin red: Suede en Pelícano

La noche del martes 17 de marzo en la Sala Pelícano de A Coruña no fue simplemente un concierto: fue una ceremonia compartida entre banda y público, de esas que empiezan muchas horas antes de que suene la primera nota. Desde las 10:00 de la mañana ya había gente haciendo cola, anticipando que lo que estaba por venir no iba a ser una cita cualquiera. Y no lo fue. Con el cartel de completo colgado y el ambiente cargado de expectación, el regreso de Suede a Galicia —donde no actuaban desde su paso por Ourense en octubre de 2023— se convirtió en una experiencia intensa, física y emocional dentro de su Dancing With the Europeans Tour.




Pero antes de que Brett Anderson y los suyos tomaran el escenario, la velada arrancó con una sorpresa mayúscula. Pasadas las 20:00, los escoceses swim school se encargaron de calentar una sala que ya vibraba. Y no precisamente como unos teloneros al uso: actualmente son una de las propuestas más codiciadas de la siempre fértil escena indie escocesa, especialmente desde la publicación, a finales de octubre de 2025, de su debut "This Is the Debut Album". Formados en Edimburgo en 2018, el núcleo del proyecto gira en torno a Alice Johnson y Lewis Bunting, ahora acompañados por Lee Brown al bajo y Billy McMahon a la batería, consolidando una formación que suena tan compacta como ambiciosa.




Lo suyo no fue un simple trámite: fue una declaración de intenciones. Con Johnson al frente —magnética, precisa y con una presencia escénica que llenaba cada rincón— y el respaldo sólido de la banda, el cuarteto ofreció un set de media hora sin fisuras.

bored” abrió la veda con ese aire entre melancólico y urgente que define su sonido, seguida de “Say It All” y “On & On”, donde las guitarras afiladas y las atmósferas noventeras empezaron a enganchar definitivamente al público. “Green Eyes (Want It All)” y “let me inside your head” confirmaron que no estaban ahí de paso, sino para dejar huella. El cierre con “Always On My Mind” y “Heaven” fue directo al corazón: intensidad emocional, estribillos que se quedan y una ejecución impecable. Sonaron de vicio. De esos grupos que uno descubre como telonero y sale con la sensación de haber encontrado algo más que un simple aperitivo.



Y entonces, puntuales, llegó el momento.
Suede saltaron al escenario con “Disintegrate”, abriendo un viaje que, más que un concierto, fue un estado de trance colectivo. Puede que el sonido no fuera siempre cristalino, pero ahí había algo más importante que la perfección técnica: había verdad. Una banda tocando sin red, sin artificios, sostenida por su propio pulso y por la respuesta de una sala completamente entregada.



Antidepressants” confirmó el peso de su nuevo material —plenamente integrado en el discurso del directo—, mientras que “Trash”, “Animal Nitrate” y “We Are the Pigs” desataron los primeros grandes estallidos colectivos. “The Drowners” y “Filmstar” conectaron con la esencia más reconocible del grupo, mientras que cortes como “Personality Disorder”, “Tides”, “Shadow Self”, “She Still Leads Me On” o “Can't Get Enough” demostraron que su presente creativo no es un apéndice, sino una continuación natural de su historia. “June Rain” aportó un breve respiro antes de encarar un tramo final donde la emoción ya era completamente colectiva.



Ahí estuvo una de las claves de la noche: en cómo dialogaban pasado y presente. Más allá de algún himno ausente, el repertorio funcionó precisamente por ese equilibrio, con un protagonismo claro de su último trabajo, que además atraviesa un momento especialmente sólido. No hubo nostalgia forzada ni sensación de piloto automático: todo tenía sentido dentro del conjunto.

También planeó sobre el concierto una cuestión inevitable: cómo suenan hoy esas canciones en la voz de Brett Anderson. El paso del tiempo ha modificado su registro —menos agudos extremos, más cuerpo en los graves—, pero lejos de ser un problema, se ha convertido en parte del carácter actual de la banda. Anderson no intenta imitar lo que fue, sino reinterpretarlo con inteligencia: ajusta tonalidades, modula líneas y, cuando toca, deja que el público complete lo que él ya no fuerza. El resultado no resta, suma.




Y, curiosamente, al terminar el concierto, muchas conversaciones no giraban tanto en torno al repertorio o al sonido, sino a otro factor difícil de ignorar: su estado físico. Porque lo que sucede sobre el escenario roza lo inverosímil. Cerca de los 60 años, Anderson sostiene un concierto de casi veinte temas sin apenas pausas, saltando, retorciéndose, bajando al público, dejándose llevar. Su forma de habitar el directo tiene algo muy particular, pero inevitablemente evoca a figuras como Iggy Pop: esa intensidad casi visceral, ese compromiso absoluto con cada segundo del show.

El tramo final fue una celebración sin frenos: “Everything Will Flow” coreada como un himno generacional, “So Young”, “Metal Mickey” y “Beautiful Ones” convertidas en un coro gigante que desbordaba la sala. Y el cierre, ya en el encore, con “Dancing with the Europeans”, dejó ese poso de euforia que tarda horas en apagarse.




En una época de sobreproducción, pistas pregrabadas y directos cada vez más medidos al milímetro, lo de esa noche en Pelícano tuvo algo casi contracultural: una banda defendiendo su repertorio sin red, con sus imperfecciones y su fuerza. Quizá breve —poco más de una hora y veinte—, sí, pero también sin un solo momento superfluo.

Una sala llena desde primera hora, unos teloneros que dejaron el listón muy alto y una banda que, tres décadas después, sigue encontrando nuevas formas de arder sobre un escenario. En Pelícano, esa noche, no hizo falta nada más.

Os dejamos con la galería de fotos del concierto: