El pasado sábado, el Coliseum de A Coruña volvió a demostrar su capacidad para acoger grandes citas con una nueva visita de Viva Suecia, que firmó uno de los conciertos más concurridos de la semana con el recinto completamente lleno. Había ganas de ver al grupo murciano en un formato de gran aforo y eso se notó desde mucho antes de que se apagaran las luces.
La noche arrancó con la actuación de Enjambre como banda invitada, calentando el ambiente para lo que vendría después. Sin demasiada espera, Viva Suecia apareció en escena con “Dolor y gloria”, entrando directamente en materia y marcando una línea muy clara: ritmo alto, pocas pausas y un concierto pensado para no perder intensidad en ningún momento.
El despliegue técnico acompañó bien la propuesta. Las pantallas de gran formato, los visuales en directo y una iluminación bastante definida ayudaron a reforzar cada tramo del concierto, sin robar protagonismo a lo importante: las canciones. Todo estaba medido para un espacio como el Coliseum, donde la continuidad juega un papel clave.
En los primeros compases, el repertorio se movió entre temas de "Hecho en tiempos de paz" y canciones ya asentadas en su discografía, enlazadas prácticamente sin interrupciones. Esa dinámica favoreció que el público entrara rápido en el concierto, respondiendo con coros constantes tanto en pista como en las gradas, manteniendo una energía bastante uniforme durante todo el bloque inicial.
A medida que avanzaba la noche, fueron apareciendo algunos de los temas más reconocibles del grupo, como “La voz del presidente” o “Tú y yo contra los demás”, que sirvieron para reforzar aún más esa conexión que ya venía construyéndose desde el inicio. No hizo falta demasiado más: el público ya estaba dentro.
El tramo final concentró buena parte de los momentos más coreados, con canciones como “El bien”, “Lo que te mereces”, “Amar el conflicto” o “Mala prensa”, que terminaron de elevar el ambiente en el recinto. Fue ahí donde el Coliseum alcanzó uno de los picos más altos de la noche, con una respuesta prácticamente unánime.
Sin grandes discursos entre canciones ni pausas prolongadas, el concierto se sostuvo sobre la continuidad y la solidez del repertorio. Un directo largo, bien estructurado y claramente orientado a este tipo de espacios, donde la banda supo mantener el pulso y el público respondió de principio a fin.





