El viernes 22 de mayo, el histórico Teatro Afundación volvió a vestirse de gala para recibir a Andrés Suárez en una noche marcada por las emociones, las confesiones y el reencuentro con la música desde la verdad. El ferrolano regresaba a Vigo dentro de la gira de presentación de “Lúa”, su nuevo trabajo publicado este 2026, apenas unas horas después de aterrizar desde México, un país que se convirtió en protagonista absoluto del concierto. No solo porque muchas de las canciones nacieron allí, sino porque el propio Andrés convirtió cada referencia al país en una declaración de intenciones: volver a enamorarse, volver a vivir y volver a creer en la música después de uno de los momentos más complicados de su vida.
La velada arrancó con una voz en off que dejó claras las reglas del juego antes incluso de que sonase la primera nota: todo lo que iba a suceder aquella noche sería en riguroso directo, sin artificios, “sin IA”, y dedicado a Robe, figura omnipresente durante toda la actuación y a quien Andrés rindió constantes muestras de cariño, incluso luciendo una camiseta con su rostro. Con el teatro completamente entregado desde el inicio, apareció sobre el escenario acompañado de la banda que lleva años arropando sus canciones y elevándolas todavía más en directo. A su derecha, Marino Saiz se multiplicaba entre teclados y violín; a la izquierda, Cristina Rubio aportaba teclados y unas voces que encajaban a la perfección con el universo emocional del artista; en segunda línea aparecían Sefo a la guitarra, Miguel Benito marcando cada golpe desde la batería y un inmenso Luismi Baladrón al bajo y voces, sosteniendo con contundencia y elegancia todo el concierto.
La escenografía apostaba por la sencillez: una enorme luna presidía el fondo del escenario, rematada con unas flores en uno de sus extremos, mientras una iluminación sobria simulaba pequeñas estrellas sobre el teatro. No hacía falta más. Todo estaba pensado para que las canciones y las historias ocupasen el centro de la escena.
Durante más de dos horas, Andrés Suárez alternó momentos íntimos con otros mucho más festivos, demostrando que su repertorio sigue teniendo espacio tanto para las heridas como para la celebración. Hubo tiempo para canciones cargadas de melancolía como “Durmiendo con mi enemiga”, “Cuánto daría”, “Números cardinales” o “No saben de ti”, pero también para dejarse llevar por la energía de “Seríamos reyes”, “Despiértame”, “Náutico” o el ya habitual “Medley rock”, que transformó por unos minutos el patio de butacas en una auténtica fiesta. Incluso se permitió una bachata porque, como él mismo comentó entre risas, “no todo iba a ser triste”.
México estuvo presente de principio a fin. Andrés habló continuamente del viaje que terminó inspirando gran parte de “Lúa” y confesó que, tras atravesar una depresión que llegó a hacerle pensar que quizá no volvería a subirse nunca más a un escenario, había compuesto inicialmente un disco completamente distinto. Sin embargo, durante su estancia en tierras mexicanas comenzaron a surgir nuevas canciones y nuevas emociones. Tanto fue así que llamó a Warner Music cuando el álbum ya estaba prácticamente listo para detener su publicación y rehacer buena parte del trabajo incluyendo aquellos nuevos temas nacidos al otro lado del Atlántico. Canciones como “Jacaranda”, “Lleva México mi amor” o “Perdón por los bailes” sirvieron para entender mejor esa nueva etapa vital y artística.
Uno de los momentos más especiales de la noche llegó al final el concierto cuando interpretó por primera vez en directo “22 de Mayo”, tema incluido en “De ida” (2022). Andrés explicó que la canción estaba dedicada a su padre, presente entre el público y además de cumpleaños aquel mismo día. El teatro se sumió entonces en un silencio absoluto mientras el cantante interpretaba una de las composiciones más sinceras y personales de toda su carrera. La emoción se hizo visible tanto sobre el escenario como entre el público, que respondió con una de las ovaciones más largas y sentidas de toda la noche.
El repertorio permitió además recorrer prácticamente todas las etapas de su trayectoria. Sonaron “San José, Almería”, “Te doy media noche”, “Ahí va la niña”, “Habitación 517”, “Benijo”, “Voy a volver a quererte” o “320 días”, demostrando la capacidad de Andrés Suárez para convertir cada concierto en una conversación compartida con el público. Más allá de presentar “Lúa”, lo que sucedió en Vigo fue el retrato de un artista que ha conseguido transformar sus heridas en canciones y que vuelve a mirar al futuro desde otro lugar. Y eso, precisamente, fue lo que hizo especial una noche que el Teatro Afundación tardará mucho tiempo en olvidar.
Os dejamos con la galería de fotos del concierto:








