La noche del 2 de mayo en la Sala MasterClub no era una más. El cartel de entradas agotadas, no solo confirmaba el tirón creciente de Mala Gestión, sino también el momento exacto en el que se encuentra una banda que ha decidido salir a la carretera sin red con su Haremos lo que podamos Tour, su primera gira nacional.
En un circuito donde dar el salto nunca es sencillo, lo de Vigo tenía algo de prueba superada antes de empezar. La MasterClub, con su formato cercano y sin artificios, es de esos sitios donde no hay margen para medias tintas: o conectas o se nota. Y la noche, incluso antes del primer acorde, ya respiraba una electricidad difícil de disimular.
El goteo de gente fue constante desde primera hora, con un público mayoritariamente joven ocupando las primeras filas con intención clara. No había espacio para la indiferencia: corrillos, cerveza en mano, miradas al escenario vacío y esa impaciencia que suele preceder a los conciertos que se sienten importantes. Porque lo eran. No solo por el sold out, sino por esa sensación compartida de estar viendo a una banda en pleno crecimiento, todavía cerca, todavía tangible.
Los coruñeses Demenzia Sozial, formados por Diego, Mikel y Xavi, no salieron a calentar la noche, salieron a romperla desde el primer minuto. “ANIMAL” abrió el set como un golpe seco, directo, sin introducciones innecesarias, marcando el tono de lo que iba a venir.
El arranque fue una sucesión bien medida de temas propios que ayudaron a que la sala entrase en dinámica casi sin darse cuenta. “Nada Se Puede Acabar” y “Antisistema” sirvieron para activar a las primeras filas, mientras la banda empezaba a soltarse sobre el escenario. Había nervio, pero también control.
Con “No Quiero Escuchar”, su tema más reciente, demostraron que lo nuevo no desentona, sino que suma. Lejos de sentirse como una incógnita dentro del repertorio, cayó con naturalidad, como si llevase tiempo formando parte del directo. A esas alturas, la MasterClub ya estaba completamente dentro.
El concierto siguió creciendo con “Éxtasis”, manteniendo la intensidad, y encontró uno de sus momentos más reconocibles en “Nuestro Barrio”, donde el carácter más combativo de la banda se hizo especialmente evidente. Sin apenas respiro, enlazaron con “Okupación al Traidor”, reforzando esa identidad crítica que atraviesa buena parte de su propuesta.
Entre medias, el grupo jugó constantemente con el público. Bromas, comentarios y alguna que otra pulla sobre la rivalidad Coruña-Vigo — avivada por su concierto el día anterior— ayudaron a construir cercanía sin romper el ritmo. Era ese equilibrio entre vacile y seriedad que funciona especialmente bien en salas pequeñas.
Pero si algo terminó de elevar el concierto fue cómo supieron integrar los covers dentro del set. “J.F.” de Hamlet entró como un puñetazo, seguida más adelante por “Aquí huele como que han fumao” de Koma, que terminó de desatar a un público ya completamente entregado.
A esas alturas, abajo ya no había dudas: pogos abiertos, varios circle pits y una sala convertida en un bloque en movimiento.
El tramo final terminó de redondear la actuación con “Arden las calles”, elevando la tensión un punto más, antes de cerrar con “Nos Vimos en Berlín” de Soziedad Alkoholika, un cierre a la altura de lo que había sido el concierto: directo, sin concesiones y con la sensación de haber ido claramente de menos a más.
Con la sala ya convertida en un hervidero (de calor también), la salida de Mala Gestión terminó de confirmar lo que se intuía desde hacía rato: aquello ya no era un concierto más, era un pequeño fenómeno en tiempo real.
Antes de que sonase la primera nota, la banda lanzó un mensaje claro, casi necesario viendo el panorama: pogos sí, pero con cabeza. Cuidarse entre todos, abrir paso si alguien lo necesitaba, pedir agua. Un detalle que no frenó la intensidad, pero sí marcó el tono de comunidad que se respiró durante todo el bolo.
Y entonces sí, arrancaron.
“Morir lejos de aquí” abrió el set con una sala completamente entregada, marcando el inicio de un viaje que no iba a dar tregua. Desde ahí, el concierto fue una sucesión de golpes que el público no solo seguía, sino que anticipaba y coreaba como si llevase años conviviendo con esas canciones.
Temas como “Edgar Allan Poe”, “Cayetana” o “FRIGOPI3” fueron cayendo uno tras otro, consolidando esa conexión inmediata. Con “Todos Mis Amigos Tienen Sarna” y “Con mis amigos”, la sala ya era un bloque compacto saltando al mismo ritmo, sin apenas espacio para respirar.
La intensidad no bajó en ningún momento. “Kambio klimatico”, “Makarra” o “Metroviolencia” mantuvieron el pulso alto, mientras el calor empezaba a ser un protagonista más de la noche. La Sala MasterClub se convirtió en una olla a presión donde cada canción sumaba un grado más. Las camisetas sobre el escenario y entre el público, empezaban a sobrar.
“Intemperie” y “Pollo al chilindrón” ampliaron el repertorio sin romper la dinámica, dejando paso a un tramo central donde el concierto ya funcionaba en piloto automático… pero del bueno: banda y público completamente sincronizados.
La segunda mitad siguió empujando sin freno con “Ex-Ex (Pareja)”, “Ni un palo al agua” y “Hacemos lo que podemos”, esta última convertida en uno de los momentos más coreados de la noche. A esas alturas, ya no había matices: todo era entrega.
El tramo final fue directamente un desahogo colectivo. “Diésel”, “Buenos días Vietnam” o “Noche de Casino (This Gambling Man)” mantuvieron a la sala en ebullición constante, mientras temas como “Sandalias del PSOE” y “Ayer Vino Messi” se sentían ya como himnos generacionales dentro de ese universo propio que maneja la banda.
El cierre con “Dios me tiró un Ducados rubio” no bajó revoluciones: fue la última explosión de una noche donde el público respondió como si estuviese ante algo más grande que un simple concierto.
Si algo terminó de redondear la noche fue lo que vino después. La banda sacó su último vinilo, “Hacemos lo que podemos”, lo mostró al público y animó a acercarse al puesto de merch. Y ahí, lejos de desaparecer tras el concierto, tanto Mala Gestión como Demenzia Sozial se quedaron: firmando, haciéndose fotos, charlando.
El resultado fue el mismo que dentro de la sala: colas, cercanía y todo vendido. Vinilos agotados, camisetas volando y la sensación de que lo que había pasado esa noche no se quedaba solo en el escenario.
Lo de la Sala MasterClub no fue solo un sold out, fue la confirmación de algo que ya venía asomando: Mala Gestión ya no juega a ser promesa. Con una primera gira nacional que arranca así, con salas llenas, público entregado y canciones coreadas como propias, lo que están construyendo va más allá del impulso inicial. Y si algo quedó claro entre pogos, calor y botellas de agua volando es que esto no va de hacerlo perfecto, va de hacerlo de verdad. Y ahora mismo, pocos lo están haciendo así.


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