Hoodoo Gurus traerán su culto rock australiano a Vigo con una única fecha en Galicia

La novena edición de Underfest Xacobeo sigue tomando forma y suma un nuevo nombre internacional a su cartel: los australianos Hoodoo Gurus, que actuarán el próximo 18 de septiembre en Vigo dentro del ciclo paralelo “Bites”. Será, además, la única oportunidad de verlos en directo en Galicia en esta gira. El festival ya había arrancado su programación de 2026 con el concierto de Jeff Tweedy en A Coruña, y cuenta también con las actuaciones confirmadas de JET en julio en Santiago y St. Paul & The Broken Bones en noviembre en Vigo. Formados en Sídney a comienzos de los años 80, Hoodoo Gurus nacieron del cruce entre la energía del punk australiano y el amor por el rock clásico y el pop más melódico. Esa mezcla les permitió hacerse un hueco en la escena alternativa internacional con un sonido reconocible, guitarras afiladas y una facilidad especial para escribir canciones que enganchan desde la primera escucha. Con el paso del tiempo, ese equilibrio entre crudeza y melodía los convirtió...

Yarea en A Cofradía: todo lo que cabe en un concierto en voz baja

Hubo algo casi confesional en lo que ocurrió el viernes 8 de mayo en A Cofradía Taberna Cultural. No fue solo un concierto: fue una conversación en voz baja entre Yarea y quienes decidieron acercarse a escucharla sin ruido alrededor. El formato acústico, dentro del ciclo Momentos Alhambra, parecía diseñado precisamente para eso: quitar capas, dejar lo esencial.


Antes de que empezase la música, el propio contexto ya jugaba a favor. A Cofradía no es una sala al uso: es uno de esos espacios híbridos donde la cercanía no es un accidente, sino parte de su identidad. Ubicada en pleno corazón de Vilanova de Arousa, su formato recogido y su apuesta constante por la programación cultural la han convertido en un punto de referencia para propuestas que rehúyen lo masivo y encuentran en la proximidad su mayor virtud. Aquí, los conciertos no se consumen: se viven desde dentro, casi sin intermediarios.

En ese marco encaja especialmente bien el ciclo Momentos Alhambra, una iniciativa impulsada por Cervezas Alhambra que desde hace años apuesta por una forma distinta de entender la música en directo. Lejos de los grandes recintos, el ciclo pone el foco en espacios singulares y en formatos más cuidados, donde el tiempo parece desacelerarse y la experiencia se construye desde la atención al detalle. No se trata solo de programar conciertos, sino de generar atmósferas.

Acompañada por Tomás Novati Paduan a la guitarra, Yarea Guillén presentó por primera vez en sala y en este formato las canciones de "Si tú supieras", su tercer y último trabajo, publicado a finales de febrero. Y se notaba que ese contexto —más cercano, más desnudo— le sentaba especialmente bien a un repertorio que vive de la emoción contenida, de las letras que no necesitan levantar la voz para quedarse.



El setlist arrancó con “ESPINA” y desde ahí fue construyendo un relato que avanzaba sin prisa pero con intención. “Lo mejor” y “Dime si tú” ayudaron a fijar ese clima íntimo desde el inicio, mientras que “NOVIEMBRE” , el tema que en 2024 ella y Dani dedicaron a Belice (su pequeña recién nacida) dejó entrever ya uno de los rasgos más reconocibles de esta nueva etapa: la capacidad de convertir lo personal en algo compartido sin perder delicadeza.

En varios momentos del concierto, Yarea se permitió también salir del guion estrictamente musical para hablar con naturalidad. Confesó su amor por tocar en Galicia, una tierra a la que —según contó— siempre que puede se escapa, casi como quien busca refugio. Y tenía sentido: pocas geografías encajan mejor con el universo emocional que atraviesa este disco.

Porque si algo define Si tú supieras es su carácter profundamente autobiográfico. Nace de un momento vital complejo y se construye como un proceso de reconstrucción emocional, algo que en directo se percibe con claridad. “Pequeño” y “GIGANTE”, por ejemplo, funcionan casi como dos polos opuestos dentro del mismo relato: lo que nos sobrepasa frente a lo que logramos contener. En el formato acústico, esa dualidad se volvió aún más evidente.



Canciones como “LA CULPA” o “EL TANGO” encontraron aquí una lectura más desnuda, más frágil, mientras que “SIN UN BUEN FINAL” se sintió como una aceptación a medias, una forma de entender que no todo cierre llega como uno espera. En esa misma línea, “Las cosas que pasan por mi cabeza” actuó como uno de los puntos más introspectivos de la noche, reflejando ese ruido interno que atraviesa buena parte del disco y el sentimiento agridulce de la vida, de agradecimiento por lo que tienes y de sentimiento de pérdida por los buenos momentos vividos.

El concierto avanzó sin artificios, apoyado en una interpretación honesta y en la complicidad constante con Tomás Novati Paduan, cuya guitarra no solo acompañaba, sino que sostenía cada tema con precisión y sensibilidad. Uno de los momentos más especiales llegó con el cruce entre “Aunque no te lo diga” y “Caravana”, una unión de canciones que paradójicamente Yarea siempre escoje en sus conciertos con banda para ser cantado en acústico y que en el primer tema por fin le escribe a Dani mientras que en el segundo expresa a su familia su deseo de tenerlos siempre cerca, en el retrovisor de la vida.



En el tramo final, “Tuya” dejó entrever una versión más abierta desde lo emocional, mientras que “Crítico” puso sobre la mesa esa lucha interna con la autoexigencia que atraviesa el álbum. “Loba”, por su parte, apareció como una afirmación, casi como respuesta a todo lo anterior, antes de un cierre con “22:22”, la hora que se repite continuamente en su vida (para muchos un gran y buen mensaje simbólico) y que Yarea transformó en canción.

La Cofradía no estuvo completa, pero lejos de restar, eso jugó a favor. Hubo espacio, silencio y, sobre todo, un respeto absoluto por parte del público —algo cada vez menos habitual y aquí especialmente valioso— que permitió que cada canción respirase como debía.

Al terminar, el concierto no se rompió de golpe. Yarea y Tomás se quedaron, cercanos, atendiendo a quienes se acercaron todavía con la emoción reciente. Como si todo lo que había pasado sobre el escenario necesitase unos minutos más para aterrizar.

Y quizá esa fue la clave de la noche: no hizo falta más. Porque lo que se vivió en A Cofradía fue precisamente eso que promete el ciclo. Un momento. Uno de los que no hacen ruido, pero permanecen.