El Monte do Gozo volvió a convertirse en el epicentro de la música en directo con el arranque de una nueva edición de O Son do Camiño. Cerca de 45.000 personas se dieron cita en Santiago de Compostela para inaugurar tres días de conciertos en una jornada marcada por el predominio del pop, los reencuentros emocionales y la presencia de una de las mayores estrellas internacionales que han pasado por el festival en los últimos años.
Desde primeras horas de la tarde, el recinto comenzó a llenarse de público procedente de todos los rincones de Galicia y de otras partes de España. El ambiente era el de las grandes ocasiones. Con los abonos agotados desde hacía meses y una programación diseñada para atraer a distintas generaciones, la primera jornada reunió a seguidores de perfiles muy diversos, desde quienes buscaban descubrir nuevos nombres hasta quienes acudían exclusivamente para ver a algunos de los artistas más populares del cartel.
Los primeros compases de la tarde sirvieron para dar protagonismo a las propuestas emergentes. Desde Lugo llegó Habló Pablo (Pablo Valín, antes llamado Anubis Metal Jack), llegó acompañado del pianista Charlie de Cora, las cantareiras As Lembranzas y hasta llevó su propio equipo de bailarinas para un repertorio con muchos guiños en clave gallega en un proyecto que fusiona el rap con la poesía slam.
Los británicos The Molotovs fueron los encargados de seguir rompiendo el hielo en un recinto todavía acomodándose al ritmo del festival y de inaugurar el segundo escenario. Arrancaron sin mucha ceremonia y con los primeros acordes ya estaban tocando a toda velocidad, con canciones cortas, directas y muy aceleradas donde el bajo de Issey Cartlidge estaba muy presente y acompañaba a la perfección la rápida guitarra y marcada voz de su hermano Mathew. Un “golpe continuo de energía” con un sonido mezcla punk, mod revival y garage rock y una actitud juvenil, casi defiante que nos evocaban a bandas como The Jam, The Sex Pistols o The Libertines. Un concierto que fue como estar dentro de una bola de energía punk adolescente que no te deja respirar… pero en el buen sentido.
Poco después, Barry B tomó el relevo con una actuación que confirmó el crecimiento de una de las voces más interesantes de la nueva escena alternativa española, mezclando influencias urbanas, pop e indie en un concierto que fue ganando adeptos a medida que avanzaba la tarde. El artista arandino sigue con la exitosa gira de presentación de su último EP "Infancia mal calibrada" y pese a hacer cantar a todos los presentes con éxitos como "Quieres autodestruirte conmigo?" , "Infancia mal calibrada", "Monster truck" o "Yo pensaba que me había tocado Dios" su tiempo de festival se nos hizo escaso, deseándolo poder ver a solas con el repertorio completo.
Uno de los momentos más especiales llegó con Leire Martínez. La artista afrontaba una actuación especialmente significativa dentro de una nueva etapa profesional y encontró en el público compostelano una respuesta cálida y entregada. Su concierto estuvo marcado por la cercanía y por la conexión emocional con unos asistentes que acompañaron cada canción desde los primeros acordes, repasando temas “suyos” tanto propios como de su paso por La Oreja de Van Gogh, convirtiendo su paso por el festival en uno de los momentos más celebrados de la jornada. Leire deslumbró con su espectacular voz y puesta en directo pero también con el look más aplaudido de toda la jornada, un traje de sello gallego diseñado por Mario Lorenzo desde Moaña y al que tuvo que cortar parte de la cola durante la actuación para evitar accidentes.
También jugaba en casa Carlos Ares. El músico coruñés volvió a demostrar por qué se ha consolidado como una de las propuestas gallegas y nacionales con mayor proyección del momento. Su concierto aportó una dosis de personalidad propia a una tarde dominada por los grandes nombres del cartel, combinando sensibilidad, elegancia y una cuidada puesta en escena que encajó perfectamente con el entorno del Monte do Gozo. De su pequeña casita celta presente en el escenario no salen influencers invitados que fingen divertirse sino una bandaza de puro lujo con nombres como Marcos Cao (La Sonisa de Julia), Begut, Mikaela, Antonio Tamargo o Sergio y Carlos Delgado.
Con la llegada de la noche, el protagonismo pasó a Dani Martín. El madrileño ofreció uno de esos conciertos construidos a partir de canciones que forman parte de la memoria colectiva de varias generaciones. En el escenario se inflaron un par de “Zapatillas” gigantes y desde ese momento durante más de una hora el público convirtió el recinto en un enorme karaoke al aire libre, “Volverá”, con el pequeño Oli, hijo de Rulo como estrella a la guitarra del segundo tema y a partir de ahí 17 himnos como “A Contracorriente”, “Puede Ser”, “La madre de José” , “Ya nada volverá a ser como antes” o la elegida para cerrar “Insoportable” con una banda repartida a dos alturas con cinco componentes, un cuarteto de cuerda y un público totalmente entregado acompañando cada tema con una intensidad que evidenció el vínculo que el artista mantiene con sus seguidores después de más de dos décadas de trayectoria. Fue un concierto de emociones compartidas, de recuerdos y de celebración.
Sin embargo, todas las miradas estaban puestas en la actuación que cerraría el escenario principal. Katy Perry debutaba en O Son do Camiño como una de las grandes apuestas internacionales de esta edición y respondió con un espectáculo que superó cualquier expectativa. La artista irrumpió sobre el escenario vestida con una larga camisa blanca con el mensaje “I am not a robot” y una corbata brillante con la bandera de Estados Unidos, apareciendo sobre una tabla de surf alzada por un maravilloso equipo de bailarines que la acompañaría toda la noche al ritmo de “California Girls”, en un arranque que prendió al público desde el primer segundo.
A partir de ahí, el concierto se transformó en un despliegue continuo de escenas imposibles y referencias a su imaginario visual. Un smartphone de tamaño descomunal, un ordenador gigante y otros elementos de estética casi onírica fueron construyendo una puesta en escena que convertía el show en una especie de parque temático desbordado, donde cada canción abría paso a un nuevo universo. No faltaron tampoco guiños a su vida personal, introducidos con humor y pensados claramente para sus seguidores más fieles.
El repertorio se apoyó en gran parte en sus grandes himnos, que volvieron a funcionar como auténticos cánticos generacionales. "Teenage Dream", "Last Friday Night", "Roar" o "I Kissed a Girl" resonaron con fuerza ante un público completamente entregado, confirmando la vigencia de un cancionero que ha trascendido su momento original para mantenerse vivo en la cultura digital y en las redes sociales.
La noche también dejó espacio para la sorpresa. En uno de los instantes más comentados, Katy presentó por primera vez "Watch It Burn", un tema inédito que verá la luz en los próximos días y con el que se adentra en un sonido más oscuro y contundente, alejándose momentáneamente del universo luminoso que ha marcado buena parte de su carrera.
Y cuando parecía que el concierto había tocado techo, Katy se introdujo en una enorme estructura hinchable con forma de botella de agua que avanzó entre el público sostenida por miles de manos. Desde dentro, saludaba, cantaba y seguía el pulso del espectáculo mientras recorría lentamente el recinto, firmando una de las imágenes más comentadas de toda la jornada.
Para finalizar un bote de crema solar gigante en "Firework", el último tema, fue el protagonista al roziar a todo el público con la espuma que salía de él. Creando una fiesta en las primeras filas y cerrando el show de manera brillante
Nacido en Valga, Pontevedra, Michenlo sería el encargado de cerrar con su hard techno comercial de atmófera azul los escenarios principales y tomar el difícil relavo de la diva californiana.
Mientras tanto, el escenario dedicado a la música electrónica ofrecía una alternativa para quienes todavía tenían fuerzas para prolongar la noche. Aida Blanco, Supergloss, Bárbara Lago, MCR-T, DJ Gigola y Héctor Oaks mantuvieron la actividad hasta bien entrada la madrugada, consolidando una programación paralela que cada año gana más peso dentro de la identidad del festival.
El balance de esta primera jornada fue difícilmente mejorable. Buen ambiente, una notable respuesta del público y actuaciones capaces de satisfacer tanto a quienes buscaban emociones como a quienes simplemente querían disfrutar de una noche de música en directo. O Son do Camiño 2026 comenzó con paso firme, dejando claro desde el primer día que el Monte do Gozo volvería a ser, una vez más, uno de los grandes puntos de encuentro de la música en España durante este verano.
Os dejamos con la galería de fotos de la jornada:



















