La temporada de conciertos de Route Resurrection dejó una de sus citas más contundentes del año el pasado 29 de mayo en Playa Club. La discoteca coruñesa colgó el cartel de completo para recibir una combinación difícil de superar para los amantes de los sonidos más extremos: Brothers Till We Die, Nasty y Malevolence. Tres nombres de peso dentro del deathcore, el hardcore y el metalcore contemporáneo que ofrecieron una velada marcada por la intensidad constante, un público entregado y un volumen capaz de poner a prueba los tímpanos de cualquiera.
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El desfile de camisetas negras por la siempre bella playa de Riazor ya hacía intuir que no iba a ser una noche cualquiera y una vez abiertas las puertas el amplio puesto de merchandising congregó a decenas de asistentes desde primera hora, mientras la sala se llenaba progresivamente hasta presentar una imagen espectacular cuando comenzaron los conciertos. Otro de los aspectos destacados de la organización fue la rapidez de los cambios de escenario, prácticamente instantáneos, manteniendo el ritmo de la velada sin tiempos muertos y favoreciendo que la tensión apenas descendiera entre actuación y actuación.
Los encargados de abrir la noche fueron Brothers Till We Die. Los madrileños dispusieron de aproximadamente media hora para demostrar por qué siguen siendo una de las referencias del deathcore estatal. Aunque parte del público todavía seguía entrando en la sala y la pista presentaba algunas calvas visibles, especialmente en la zona central, los primeros movimientos no tardaron en aparecer. Breakdown tras breakdown, la banda fue despertando a una audiencia que observaba expectante lo que estaba por venir, dejando una actuación tan breve como intensa.
Si Brothers Till We Die encendieron la mecha, Nasty se encargaron de provocar la explosión. Los belgas saltaron al escenario para ofrecer cerca de cuarenta y cinco minutos de absoluta devastación. La transformación de la pista fue inmediata. Lo que minutos antes todavía dejaba espacios libres pasó a convertirse en una masa compacta de aficionados completamente entregados.
Los stage diving comenzaron prácticamente desde los primeros compases y ya no cesaron durante toda su actuación. Una sucesión constante de cuerpos sobrevoló las primeras filas mientras los circle pits se abrían una y otra vez entre una nube de sudor y empujones. Tampoco faltaron los celebradísimos wall of death, recibidos con auténtica euforia por un público que convirtió Playa Club en un auténtico campo de batalla hardcore. Nasty demostraron por qué siguen siendo una de las bandas más temidas del circuito europeo, descargando una actuación tan agresiva como efectiva.
Su repertorio fue una sucesión constante de golpes directos. Temas como “666AM”, “Talk”, “At War With Love” o “Unveiled” encontraron una respuesta inmediata entre los asistentes, convertidos ya en protagonistas activos del concierto. Buena parte de esa conexión tuvo mucho que ver con la actitud de Matthi Tarnath, frontman de la banda, que no dudó en ofrecer el micrófono en numerosas ocasiones hacia las primeras filas, generando continuos momentos de participación colectiva y reforzando todavía más esa sensación de comunidad que caracteriza al hardcore más auténtico.
Pero si la intensidad alcanzó cotas elevadas con los belgas, Malevolence consiguieron llevarla todavía un paso más allá.
Los de Sheffield llegaban a A Coruña en uno de los momentos más importantes de su trayectoria. Convertidos ya en una de las grandes referencias del metalcore europeo gracias al impulso de "Where Only The Truth Is Spoken", los británicos aterrizaban en Galicia respaldados por una gira que estaba confirmando su espectacular crecimiento internacional.
La declaración de intenciones llegó desde el primer instante con “Trenches”. Sin apenas margen para respirar continuaron “Life Sentence” y “So Help Me God”, iniciando una descarga que mantuvo la tensión al máximo durante toda la noche. El repertorio, construido alrededor de algunos de los temas más representativos de su carrera reciente, encontró una respuesta inmediata entre los asistentes.
“Karma”, “Self Supremacy”, “Higher Place” y “Keep Your Distance” fueron sucediéndose mientras la pista se convertía en un caos perfectamente organizado. Los circle pits se multiplicaban, los stage divers seguían apareciendo sin descanso y cada breakdown encontraba una respuesta instantánea por parte de una audiencia completamente entregada.
La contundencia sonora fue otro de los protagonistas de la noche. El sonido resultó tan demoledor como el propio repertorio, con una presión acústica que hizo vibrar cada rincón de Playa Club y puso a prueba la resistencia auditiva de los presentes. Lejos de perjudicar la experiencia, contribuyó a reforzar la sensación de encontrarse inmerso en una auténtica apisonadora sonora.
El tramo final elevó todavía más la temperatura con “Serpent's Chokehold” y “On Broken Glass”, preparando el terreno para un cierre memorable. Cuando sonaron los primeros compases de “If It's All The Same To You”, la comunión entre banda y público alcanzó su punto culminante. Fue entonces cuando Alex Taylor protagonizó una de las imágenes de la noche, lanzándose a surfear sobre la multitud mientras continuaba interpretando el tema, desatando una reacción ensordecedora entre los asistentes.
Lejos de terminar ahí, Malevolence dejaron otro gesto que fue especialmente celebrado por los presentes. Tras finalizar el concierto, los músicos repartieron una enorme cantidad de púas entre las primeras filas, prolongando durante unos minutos más la conexión con un público que ya había quedado completamente conquistado. Además, tanto los miembros de Nasty como los de Brothers Till We Die se dejaron ver posteriormente en la zona de merchandising, compartiendo tiempo con los asistentes en una muestra más de la cercanía que caracteriza a la escena.
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La parada coruñesa de la gira “If It's All The Spain In You” confirmó el excelente estado de salud del hardcore y el metalcore en Galicia. Con una Playa Club abarrotada, una organización fluida y tres actuaciones de enorme nivel, Route Resurrection volvió a demostrar por qué se ha convertido en una de las iniciativas más importantes para los aficionados a la música extrema en nuestro país. Una noche de sudor, volumen descomunal y energía desatada que difícilmente abandonará la memoria de quienes tuvieron la suerte de vivirla desde dentro.
Os dejamos con la galería de fotos de la jornada: