Iron Maiden reina en una segunda jornada marcada por el calor, la épica y grandes actuaciones

La segunda jornada del Resurrection Fest Estrella Galicia 2026 amaneció bajo un sol implacable que convirtió el recinto de Viveiro en un auténtico horno desde primeras horas de la tarde. Las sombras pasaron a ser uno de los bienes más cotizados, las botellas de agua se vaciaban casi tan rápido como se llenaban y muchos asistentes terminarían descubriendo, horas después, que el intenso color rojizo de su piel sería uno de los recuerdos más visibles del jueves. El calor marcó el ritmo de una jornada exigente para público y bandas, aunque ni siquiera las elevadas temperaturas lograron rebajar las ganas de música.


Para Fogar dos Festivais, además, el día comenzó con una pequeña aventura. Nuestro fotógrafo tuvo que realizar un desplazamiento exprés hasta A Coruña antes de regresar a Viveiro alrededor de las 18:30 horas. Lo que parecía un margen suficiente para llegar con tranquilidad terminó convirtiéndose en una auténtica carrera contrarreloj. Cerca de una hora buscando un hueco donde aparcar y, una vez encontrado, todavía quedaban unos cuarenta y cinco minutos de caminata hasta el recinto. El esfuerzo, afortunadamente, tuvo recompensa.



Con el concierto ya comenzado, Ciclonautas recibía a quienes se acercaban al Desert Stage con uno de esos directos capaces de atrapar desde el primer instante. Lejos del gigantesco despliegue que, a escasos metros, estaba a punto de ofrecer Iron Maiden, el trío apostó por la fuerza de las canciones y por una interpretación tan honesta como demoledora. Y quienes decidieron permanecer frente a su escenario difícilmente sintieron que habían elegido una opción menor.

Sobre las tablas construyeron un auténtico muro de sonido, denso y pesado, sustentado por guitarras de enorme presencia, una base rítmica implacable y una voz con una personalidad inconfundible. Cada canción desprendía una gran carga emocional, envuelta en ese rock áspero y visceral que caracteriza a la formación, mientras la absoluta compenetración entre los tres músicos hacía innecesario cualquier artificio escénico. No hacían falta grandes efectos; las canciones hablaban por sí solas.



El repertorio dejó momentos destacados con "Que Corra el Aire", "El Animal", "Qué Tal?" y un poderoso cierre con "Bienvenidos los Muertos", poniendo el broche a una actuación que confirmó el excelente estado de forma de la banda. Mientras buena parte del público esperaba con impaciencia el comienzo de Iron Maiden, Ciclonautas consiguió que quienes optaron por quedarse en el Desert Stage disfrutaran de uno de los conciertos más sólidos y auténticos de toda la tarde.

Con apenas unos minutos de margen, tocaba poner rumbo al Main Stage. El escenario principal ya presentaba un aspecto imponente. Miles de personas aguardaban el regreso de una de las bandas más influyentes de la historia del heavy metal, conscientes de que estaban a punto de vivir uno de los momentos más esperados de toda la edición.



Iron Maiden regresaba por segunda vez al Resurrection Fest dentro de la gira "Run For Your Lives", concebida como un homenaje a sus nueve primeros álbumes de estudio. Una declaración de intenciones que hacía presagiar una noche muy especial para los seguidores más veteranos de la banda.

Desde los primeros acordes de "Murders in the Rue Morgue", quedó claro que los británicos habían venido dispuestos a ofrecer una actuación para el recuerdo. "Wrathchild", "Killers" y "Phantom of the Opera" mantuvieron un ritmo vertiginoso antes de dar paso a himnos imprescindibles como "The Number of the Beast", "Powerslave", "2 Minutes to Midnight", "Run to the Hills" o "Hallowed Be Thy Name", conformando un repertorio pensado para recorrer algunas de las páginas más brillantes de su extensa trayectoria.



Uno de los grandes momentos del concierto llegó con "Infinite Dreams", recuperada para esta gira después de décadas sin sonar en directo. La reacción del público fue inmediata. Los seguidores más fieles recibieron la interpretación como un auténtico regalo, conscientes de estar presenciando el regreso de una de las composiciones más queridas por los aficionados de la Doncella de Hierro.

Si musicalmente Iron Maiden volvió a demostrar por qué continúa siendo una referencia absoluta, sobre el escenario cada uno de sus integrantes volvió a asumir su papel con absoluta naturalidad. Bruce Dickinson apareció completamente dueño del escenario, recorriendo sin descanso cada rincón del Main Stage mientras mantenía una interpretación vocal que sigue sorprendiendo después de tantos años de carrera. A su alrededor, Dave Murray y Adrian Smith volvieron a exhibir una elegancia y precisión prácticamente inalcanzables a las guitarras, mientras Janick Gers aportaba ese inconfundible punto de locura con sus constantes carreras, giros y acrobacias. Tras ellos, Simon Dawson, encargado de ocupar la batería en esta gira, sostuvo con enorme solvencia el poderoso engranaje rítmico de la banda.



Otro de los instantes más celebrados llegó durante "The Trooper". Mientras Eddie hacía su esperada aparición caracterizado como un soldado, Bruce Dickinson blandía primero la bandera británica para sustituirla instantes después por la bandera gallega, un gesto recibido con una enorme ovación por un público que volvió a demostrar el especial vínculo que Viveiro mantiene con Iron Maiden.

Tras la interpretación de "Iron Maiden", la banda abandonó momentáneamente el escenario. El silencio fue roto por la histórica locución del discurso de Winston Churchill, utilizada durante años como introducción de sus conciertos y recuperada en esta ocasión como antesala de un desenlace sencillamente arrollador. "Aces High", "Fear of the Dark" y "Wasted Years" pusieron el broche definitivo a una actuación que confirmó que, más de cinco décadas después de su nacimiento, Iron Maiden sigue ocupando un lugar privilegiado en la cima del heavy metal.



No fue únicamente una sucesión de clásicos. Fue la demostración de que una banda puede mantener intacta su capacidad para emocionar cuando el repertorio, la ejecución y la conexión con el público alcanzan un equilibrio casi perfecto. Un concierto destinado a ocupar un lugar de honor entre los grandes recuerdos de esta edición del Resurrection Fest.

La intensidad no descendió tras el monumental concierto de Iron Maiden. Al contrario. Apenas hubo tiempo para asimilar lo vivido cuando el Main Stage volvía a recibir a otra de las grandes leyendas del metal. Era el turno de Anthrax, una de las cuatro bandas que dieron forma al histórico "Big Four" del thrash metal junto a Metallica, Slayer y Megadeth.


Si Iron Maiden había conquistado al público con una producción gigantesca y constantes cambios de escenografía, los neoyorquinos demostraron que también se puede ofrecer un concierto memorable reduciendo el espectáculo a su expresión más pura. Sin pantallas espectaculares ni un despliegue visual descomunal, una única imagen inspirada en "Cursum Perficio", el arte de su último trabajo, presidió el fondo del escenario durante toda la actuación. No hacía falta nada más. Las canciones y la actitud eran suficientes.

Y vaya si lo fueron.

Desde "Among the Living", Anthrax dejó claro que no pensaba conceder un solo instante de tregua. La descarga continuó con "Got the Time", la conocida versión del clásico de Joe Jackson, "Madhouse", "Caught in a Mosh", "Metal Thrashing Mad", "Keep It in the Family", "Breathing Lightning", "It's for the Kids", "Medusa", "Indians", "Antisocial" —la versión de Trust ya convertida en uno de los himnos imprescindibles de la banda— y el demoledor cierre con "I Am the Law".


Hubo un momento que resumió perfectamente lo que estaba ocurriendo sobre el escenario. Scott Ian tomó el micrófono para lanzar una sencilla pregunta al público:

—"Do you love Thrash Metal?"

La respuesta fue un rugido ensordecedor por parte de Viveiro. Pero la verdadera contestación llegó apenas unos segundos después desde el propio escenario. Anthrax respondió con una nueva embestida de riffs afilados, una precisión milimétrica y una intensidad capaz de hacer temblar el recinto. Si la pregunta admitía alguna duda, el concierto se encargó de despejarla con un rotundo SÍ, escrito con letras mayúsculas.

La experiencia acumulada durante más de cuatro décadas volvió a hacerse evidente. Sin artificios ni recursos innecesarios, la banda ofreció una auténtica lección de thrash metal, demostrando que cuando las canciones son tan buenas y el oficio es tan grande, poco más hace falta para mantener miles de cuellos en constante movimiento.



La madrugada nos llevó después hasta el Chaos Stage, donde aguardaba una propuesta completamente diferente. Authority Zero regresaba a Viveiro dispuesto a reivindicar, una vez más, la esencia del punk rock melódico de los años noventa.

Los estadounidenses salieron al escenario con una única intención: acelerar el pulso de un público que, pese a las muchas horas de festival acumuladas, todavía parecía tener combustible de sobra. Desde "Lift One Up" el concierto avanzó sin apenas conceder un segundo para recuperar el aliento. "Liberateducation", "No Regrets", "Brick in the Wave", "Ollie Ollie Oxen Free", "Endless Roads", "Big Bad World", "For the Kids", "Taking on the World", "When We Rule the World", "Broadcasting to the Nations", "Find Your Way", "Revolution", la siempre celebrada versión de "Mexican Radio", "One More Minute", "12:34" y "Get It Right" fueron cayendo a un ritmo vertiginoso.



Gran parte de la culpa la tuvo Jason DeVore, un frontman que no parece interpretar las canciones, sino lanzarlas directamente contra el público. Su forma de escupir cada verso, unida a la velocidad con la que la banda enlazaba un tema tras otro, convirtió el concierto en un auténtico torbellino de energía.

Hay actuaciones que se hacen largas y otras que parecen escaparse entre los dedos. La de Authority Zero perteneció claramente al segundo grupo. Sobre el papel duró una hora; para nosotros, apenas cinco minutos. La mejor prueba de que la banda volvió a firmar uno de esos directos que consiguen que el tiempo deje de existir.

Mientras el Chaos Stage seguía vibrando, tocaba regresar al Main Stage para afrontar el último gran concierto de nuestra jornada. El cansancio comenzaba a dejarse notar después de tantas horas de festival, pero Feuerschwanz tenía preparada la medicina perfecta.



Los alemanes aparecieron sobre las tablas con una producción absolutamente digna del escenario principal. Un gigantesco dragón presidía las pantallas del fondo, un impresionante juego de luces envolvía todo el escenario y la banda hacía su entrada luciendo sus inconfundibles atuendos medievales. La sensación era la de asistir a un espectáculo que iba mucho más allá de un simple concierto.

Desde "Drunken Dragon" quedó claro que todavía quedaba mucha pólvora por quemar. Fogonazos de pirotecnia, una interacción constante con el público y una sucesión de canciones que combinaban folk metal, humor y épica consiguieron borrar de golpe el cansancio acumulado durante toda la jornada. "Memento Mori", "Untot im Drachenboot", "Knightclub", "Bastard von Asgard", "Name der Rose", "Ultima Nocte", "Schubsetanz", "Testament", "Berzerkermode" y "Sam the Brave" mantuvieron el ritmo de una actuación que no dejó de crecer.

Hubo tiempo incluso para un divertido solo de batería que desembocó en el ya inseparable "They're Taking the Hobbits to Isengard", antes de que llegara uno de los momentos más inesperados y festivos de toda la noche. La banda se lanzó a interpretar "Dragostea din Tei", el inolvidable éxito de O-Zone, convertido aquí en una inesperada pieza de folk metal.



Porque sí, probablemente sea el cover capaz de hacerte bailar incluso si estuvieras sedado en la cama de un hospital. Y viendo la reacción del público, cuesta encontrar argumentos para llevar la contraria.

La recta final mantuvo el nivel con "Valhalla", interpretada junto a la legendaria Doro Pesch, una emocionante "Rohirrim", con Ben descendiendo hasta el foso para cantar rodeado de los aficionados, y el cierre con "Das Elfte Gebot", culminando una actuación en la que la fiesta nunca dejó de crecer.

Como si todavía quedasen fuerzas para una última sonrisa, la despedida llegó al ritmo de "Gangnam Style", un guiño tan inesperado como divertido que terminó de confirmar que Feuerschwanz entiende el espectáculo como pocas bandas actuales. Entre dragones, fuego, humor, metal y una conexión permanente con el público, los alemanes firmaron uno de los conciertos más entretenidos de toda la segunda jornada.

La segunda jornada del Resurrection Fest Estrella Galicia 2026 volvió a demostrar por qué el festival de Viveiro continúa siendo una referencia absoluta dentro del panorama europeo. Del rock más crudo de Ciclonautas a la monumental producción de Iron Maiden, pasando por la contundencia de Anthrax, la velocidad de Authority Zero y el espectáculo medieval de Feuerschwanz, el jueves dejó un recorrido musical tan variado como coherente, capaz de satisfacer a públicos muy diferentes sin perder nunca su identidad.

Todo ello en una jornada especialmente exigente, marcada por un calor abrasador que acompañó a bandas y asistentes desde primera hora de la tarde. El sol castigó con dureza el recinto y dejó una imagen que se repetiría durante el resto del festival: la de cientos de aficionados luciendo el característico tono rojizo que evidenciaba las muchas horas vividas frente a los escenarios. Sin embargo, ni las altas temperaturas, ni los kilómetros recorridos, ni el cansancio acumulado lograron rebajar el ambiente de un jueves que volvió a confirmar el extraordinario estado de salud del Resurrection Fest.

Aunque esta crónica se centre en las actuaciones que pudimos documentar gráficamente, la jornada dio para mucho más. Mientras una parte del equipo de Fogar dos Festivais seguía la cobertura fotográfica de los conciertos que acompañan estas líneas, otros miembros pudieron disfrutar de algunas de las actuaciones más comentadas del día, entre las que destacamos tres:

FUET! volvió a demostrar que es una de las propuestas más frescas e irreverentes del panorama nacional. Su combinación de metal, hardcore y un humor tan particular como efectivo conectó desde el primer momento con un público entregado, ofreciendo un directo tan divertido como contundente y dejando claro que la banda continúa creciendo a pasos agigantados.

También dejó una magnífica impresión Angelus Apatrida, que volvió a hacer gala de la precisión, la potencia y el oficio que lo han convertido en uno de los grandes referentes del thrash metal europeo. Los albaceteños ofrecieron una actuación de enorme intensidad, con un repertorio demoledor y una ejecución impecable que reafirmó el excelente momento por el que atraviesa la formación.

Mención especial merece Silly Goose, convertidos por méritos propios en uno de los fenómenos de esta edición. Su explosiva propuesta, donde confluyen nu metal, hardcore y rap metal con una actitud absolutamente desbordante, hizo correr el boca a boca por todo el recinto. El resultado fue un concierto que terminó situándose entre los más comentados de la jornada y una banda que acabó convirtiendo su puesto de merchandising en uno de los más concurridos de toda la edición, agotando buena parte del material disponible y confirmándose como una de las grandes revelaciones del Resurrection Fest 2026.


Son actuaciones que, aunque no puedan acompañarse de fotografías en esta ocasión, también forman parte de una segunda jornada extraordinariamente completa, capaz de combinar leyendas indiscutibles del heavy metal con bandas consolidadas, referentes nacionales y nuevos nombres llamados a dar mucho que hablar en los próximos años.

Porque esa es, precisamente, una de las grandes virtudes del Resurrection Fest. Más allá de los cabezas de cartel, siempre hay espacio para descubrir grupos, reencontrarse con viejos favoritos o dejarse sorprender por propuestas que quizá no figuraban entre las imprescindibles al comenzar el día. Y cuando un festival consigue que cada escenario tenga algo especial que ofrecer, independientemente de la hora o del tamaño de la banda que lo ocupe, significa que sigue haciendo las cosas muy bien.

Con dos jornadas ya a sus espaldas, el Resurrection Fest Estrella Galicia 2026 no solo mantenía intactas las expectativas, sino que dejaba la sensación de que lo mejor todavía estaba por llegar. Viveiro volvía a latir al ritmo del rock y el metal, y aún quedaban dos días para seguir escribiendo una edición que prometía permanecer durante mucho tiempo en la memoria de quienes la estaban viviendo.

Os dejamos con la galería de fotos de la jornada: