PORTAMÉRICA 2026: M-Clan y Hombres G lideran una segunda jornada repleta de grandes conciertos y nuevos descubrimientos

La segunda jornada de PORTAMÉRICA 2026 volvió a confirmar por qué el festival de la Azucreira de Portas sigue siendo una de las grandes referencias del verano. Con un recinto que abrió sus puertas puntualmente a las 16:45 horas y un calor sofocante durante buena parte de la tarde, miles de asistentes fueron llenando el espacio para disfrutar de una programación que volvió a combinar talento emergente, nombres consolidados y una oferta gastronómica difícil de igualar. La encargada de inaugurar la jornada fue la gallega Candela Liste, que a las 17:00h abrió el escenario Xacobeo demostrando el enorme momento que atraviesa. Su actuación sirvió como perfecto punto de partida para un día que iría creciendo en intensidad con el paso de las horas. Uno de los nombres que más nos sorprendió fue, sin duda, Alejo. El artista firmó uno de los directos más sólidos de toda la jornada, con una propuesta llena de energía, personalidad y una calidad que hace pensar que estamos ante uno de esos artistas ...

Resurrection Fest EG 2026 - Viernes 3 de julio: La jornada que confirmó el techo del festival

Después de dos intensas jornadas, el Resurrection Fest EG 2026 alcanzó el viernes su punto de ebullición. Por fortuna, el calor, protagonista durante el arranque del festival, dio una pequeña tregua. Las temperaturas siguieron siendo elevadas, pero el ambiente resultó mucho más llevadero tanto para los miles de asistentes como para quienes afrontábamos otra larga sesión de trabajo entre escenarios, cámaras y carreras contrarreloj. Porque si algo caracterizó este viernes fue la sensación de que siempre estaba ocurriendo algo interesante en algún rincón del recinto.


Y es que el cartel no daba respiro. La programación ofrecía una diversidad de propuestas que convierte al Resurrection Fest en una cita única, pero que también obliga a tomar decisiones difíciles cuando los horarios juegan en contra.

Con el ambiente todavía creciendo poco a poco en el recinto y los primeros asistentes buscando acomodo frente a los diferentes escenarios, nuestra tercera jornada comenzó en el Desert Stage junto a Madmess, una de esas bandas que quizá no acaparan los grandes titulares del cartel, pero que encajan a la perfección en la filosofía del Resurrection Fest. Su propuesta, a medio camino entre el stoner, el heavy psicodélico y el rock progresivo, fue el mejor punto de partida posible para un viernes que acabaría siendo una auténtica montaña rusa de emociones.




El trío luso-británico apostó desde el primer momento por dejar que la música hablara por sí sola. Sin artificios innecesarios, fueron construyendo un directo envolvente sobre una sólida base rítmica, guitarras saturadas y largos desarrollos instrumentales que transportaban inevitablemente al sonido de las grandes bandas de los años setenta. Una propuesta que exigía dejarse llevar y que encontró rápidamente la complicidad de un público dispuesto a comenzar la jornada.

Uno de los grandes aciertos de Madmess es su capacidad para crear atmósferas. El excelente uso de efectos en las guitarras, unas líneas de bajo tan contundentes como elegantes y unas improvisaciones perfectamente integradas hicieron que, por momentos, el Desert Stage pareciese suspendido en otra época.

Fue también una nueva demostración del excelente momento que atraviesa la escena portuguesa, muy bien representada en esta edición del Resurrection Fest.

El reloj comenzaba a apretar y el primer gran dilema del día ya estaba sobre la mesa. Los horarios obligaban a elegir entre dos propuestas completamente distintas: la nostalgia y los himnos de The Rasmus sobre el Main Stage o la frescura de Oslo Ovnies en el Chaos Stage. Como ocurriría varias veces a lo largo del viernes, la única solución posible fue dividir al equipo y emprender caminos diferentes para intentar no perder detalle de una jornada que apenas acababa de empezar.



Había mucha curiosidad por comprobar cómo encajaría una banda como The Rasmus en un festival como el Resurrection. La respuesta llegó prácticamente desde el primer acorde. Los finlandeses no tardaron en conectar con un público que llevaba años esperando su debut en Viveiro y que respondió con entusiasmo a un repertorio plagado de canciones que marcaron a toda una generación. Durante toda la actuación, Lauri Ylönen volvió a ejercer como el gran referente del grupo. Su voz respondió con solvencia, apoyada puntualmente por algunos coros pregrabados, mientras mantenía una conexión constante con los asistentes. A su lado, la incorporación de Emilia Suhonen aportó una energía renovada a la banda. Incansable de principio a fin, recorrió el escenario sin dejar de animar al público, demostrando que su llegada ha supuesto un soplo de aire fresco para el directo de los finlandeses.

El momento más esperado llegó con "In the Shadows". Bastaron los primeros acordes para que miles de gargantas tomaran el relevo de la banda, convirtiendo el Main Stage en un inmenso coro al aire libre. Más de dos décadas después de su publicación, el tema sigue conservando intacta su capacidad para emocionar y reunir a varias generaciones alrededor de una misma canción. Fue, sin duda, uno de los grandes momentos nostálgicos del viernes.

Mientras tanto, en el Chaos Stage, la historia era muy distinta, pero igual de interesante.



Oslo Ovnies regresaban al Resurrection Fest con una mochila cargada de ilusión y agradecimiento. Durante el concierto no quisieron olvidarse de recordar que el festival fue uno de los primeros en apostar por ellos, ofreciéndoles la oportunidad de actuar en 2023 tras imponerse en el tradicional concurso de bandas. Tres años después, el crecimiento del quinteto riojano resulta evidente y su presencia en el cartel confirma que aquella apuesta no fue fruto de la casualidad.

Presentando su gira "¿Dónde está mi ovni?", el grupo desplegó un directo tan inclasificable como efectivo, mezclando rock alternativo, electrónica y post-hardcore con absoluta naturalidad. Las guitarras contundentes convivían con pasajes más atmosféricos y melodías pegadizas, dando forma a una propuesta fresca que rompía con cualquier etiqueta preconcebida.


Aunque su actuación tuvo lugar en una franja horaria todavía temprana, el Chaos Stage reunió a un buen número de seguidores que no dejaron de saltar durante todo el concierto. La complicidad entre banda y público fue inmediata, alimentada por una actitud cercana y desenfadada que terminó convirtiendo el escenario en una pequeña celebración.

Oslo Ovnies dió la sensación de ser una banda llamada a ocupar cada vez espacios más importantes dentro de la escena alternativa nacional. Su personalidad, la naturalidad con la que combinan influencias muy distintas y la seguridad que transmiten sobre las tablas invitan a pensar que su presencia en grandes festivales será cada vez más habitual.

Superado el primer gran solape de la jornada, nuestro equipo volvió a reunirse en el Desert Stage para asistir a una de las propuestas más extremas de todo el viernes. Los franceses Mourir llegaban a Viveiro para presentar su tercer trabajo de estudio y ofrecieron una de esas actuaciones que no buscan agradar a todo el mundo, sino atrapar a quienes disfrutan de los sonidos más densos y atmosféricos.



No era precisamente una propuesta sencilla para una tarde de festival. A plena luz del día, la formación francesa desplegó un repertorio de black metal atmosférico y disonante, enriquecido por constantes influencias sludge que terminaron construyendo un auténtico muro de sonido. Una descarga tan gélida como abrasiva que contrastaba con el ambiente estival del recinto, pero que encontró rápidamente a un buen número de seguidores dispuestos a dejarse envolver por su intensidad.

Lejos de recurrir a grandes artificios escénicos, Mourir dejó que fuera la música la que hablara por sí sola. Las guitarras abrasivas, las voces desgarradas y una base rítmica demoledora fueron creando una tensión constante que convirtió el Desert Stage en uno de los rincones más sobrecogedores de toda la jornada. Cada composición parecía formar parte de un mismo viaje, sin concesiones ni momentos de descanso, manteniendo al público completamente inmerso en una atmósfera opresiva que terminó convirtiéndose en una de las grandes virtudes del concierto.

Precisamente esa honestidad fue una de las claves de su actuación. Mourir no suavizó su propuesta por tratarse de un festival ni buscó hacerla más accesible para un público generalista. Apostó por mostrarse tal y como es: una banda que entiende el black metal desde una perspectiva moderna, emocional y profundamente envolvente. Una decisión que fue recompensada por los numerosos aficionados congregados frente al escenario, conscientes de estar disfrutando de una de las propuestas más personales del cartel.


El Desert Stage volvía a demostrar por qué es uno de los espacios más especiales del Resurrection Fest. Pero el viernes seguía avanzando y el festival apenas concedía tiempo para recuperar el aliento. El reloj marcaba las siete de la tarde y era el momento de regresar al escenario principal, donde una de las bandas más en forma del metal europeo estaba preparada para protagonizar uno de los conciertos más celebrados de toda la jornada. Bleed From Within esperaba ya con las llamas listas para convertir Viveiro en una auténtica caldera.

Los escoceses llevan años creciendo a pasos agigantados, pero actuaciones como la vivida en Viveiro invitan a pensar que el salto definitivo está cada vez más cerca. No sería ninguna sorpresa ver su nombre encabezando grandes festivales europeos dentro de pocos años. Calidad musical, presencia escénica, producción y una colección de canciones cada vez más sólida convierten a Bleed From Within en una de las bandas más fiables del panorama metalcore actual.


Uno de los grandes responsables de esa conexión fue, una vez más, Scott Kennedy. El vocalista dirigió el concierto con una autoridad absoluta, pero también con una cercanía que terminó conquistando al público desde los primeros minutos. No dejó de interactuar con las primeras filas, animar los pogos y alimentar una energía que fue creciendo canción tras canción. Incluso hubo tiempo para un guiño al Mundial de fútbol, mostrando su apoyo a la selección española, un gesto que fue recibido con una enorme ovación por parte de los asistentes.

Si Scott Kennedy fue el motor del espectáculo, el resto de la banda no se quedó atrás. La contundencia de los riffs, las desgarradoras voces principales y el excelente trabajo de Steven Jones con las melodías limpias dieron forma a un sonido demoledor, pero perfectamente equilibrado. Una combinación que explica buena parte del éxito que atraviesa actualmente la formación escocesa.

El apartado visual tampoco pasó desapercibido. Las constantes llamaradas y los efectos pirotécnicos acompañaron cada uno de los momentos clave del repertorio, reforzando una puesta en escena que convirtió el Main Stage en un auténtico espectáculo tanto para los oídos como para la vista. A esas alturas de la tarde, el Resurrection Fest ya respiraba ambiente de gran cita y Bleed From Within supo aprovecharlo para firmar una actuación que, sin duda, quedará entre las más recordadas del viernes.

Los horarios obligaban de nuevo a elegir entre dos propuestas completamente opuestas.



El Desert Stage volvía a cambiar completamente de registro para recibir a una de las artistas más elegantes de toda la programación. Rosalie Cunningham aterrizaba en Viveiro acompañada por una magnífica banda para ofrecer un concierto que respiró psicodelia, rock progresivo y esencia setentera desde el primer acorde.

La británica, conocida también por su etapa al frente de Purson, demostró desde el principio un dominio absoluto del escenario. Sin necesidad de grandes artificios, fue construyendo un concierto lleno de matices, alternando pasajes más delicados con otros donde las guitarras cobraban todo el protagonismo. Su repertorio volvió a confirmar que atraviesa uno de los mejores momentos de su carrera artística.

El público pudo disfrutar de un recorrido muy completo por su catálogo, además de algunos guiños muy celebrados a su etapa en Purson .


Uno de los momentos más especiales llegó cuando la bajista catalana Claudia González sorprendió al público dejando momentáneamente su instrumento para interpretar varios pasajes con la flauta travesera, aportando un color todavía más especial a una actuación ya de por sí repleta de matices. Un pequeño detalle que enriqueció aún más la atmósfera psicodélica del concierto y que fue recibido con una cálida ovación por parte de los asistentes.

Precisamente la banda de acompañamiento fue otro de los grandes aciertos del directo. Todos los músicos brillaron con luz propia, ofreciendo un sonido limpio, dinámico y perfectamente ensamblado alrededor de la figura de Cunningham, que volvió a demostrar por qué está considerada una de las compositoras más interesantes del rock británico contemporáneo.

A escasos metros de allí, el ambiente era radicalmente distinto.

El Ritual Stage recibía a Hulder, el oscuro proyecto liderado por Marliese Beeuwsaert, conocida artísticamente como Marz Riesterer, una de las propuestas más personales del black metal actual.



Aunque todavía era de día, el cielo cubierto sobre Viveiro ayudó a crear una atmósfera especialmente adecuada para una actuación donde la música, la estética y el ambiente parecían formar parte de un mismo ritual. Sin grandes concesiones al espectáculo visual, Hulder construyó un concierto profundamente inmersivo, apoyándose en una interpretación impecable y en un sonido tan oscuro como envolvente.

Su propuesta combina la crudeza del black metal tradicional con melodías profundamente melancólicas y un marcado aire medieval que la distingue claramente dentro de la escena extrema actual. Lejos de buscar la velocidad por encima de todo, Hulder apuesta por construir atmósferas densas y opresivas que envuelven al espectador desde los primeros compases.

El público del Ritual Stage respondió con absoluto respeto, consciente de encontrarse ante una actuación muy diferente a la que podía verse en otros escenarios del festival.

A esas alturas del viernes el Resurrection Fest había cambiado por completo de aspecto. Si durante las primeras horas todavía era posible moverse con cierta comodidad entre escenarios, ahora cada desplazamiento requería paciencia. El Main Stage presentaba una imagen imponente, con miles de personas ocupando prácticamente cualquier espacio disponible.

En ese contexto aparecía Trivium, una de esas bandas que rara vez decepcionan sobre un escenario. Con más de dos décadas de trayectoria a sus espaldas, los estadounidenses regresaban a Viveiro con la misión de demostrar por qué siguen ocupando un lugar privilegiado dentro del metal contemporáneo. Y lo consiguieron desde el mismo instante en que comenzaron a sonar las primeras notas de "The End of Everything", una sobria introducción al piano que sirvió para elevar la expectación mientras el gigantesco logotipo de la banda presidía el videowall del escenario principal.



La calma duró apenas unos segundos. En cuanto arrancó "Pull Harder on the Strings of Your Martyr", el Main Stage explotó definitivamente. Los primeros mosh pits comenzaron a abrirse casi de inmediato y ya nadie volvió a permanecer quieto durante el resto del concierto.

El repertorio fue una auténtica celebración de la carrera del cuarteto, combinando clásicos imprescindibles con composiciones más recientes y, como no podía ser de otra manera, "In Waves", convertida ya en un auténtico himno que puso el broche perfecto a una actuación memorable.


Más allá del excelente repertorio, Trivium volvió a dejar una auténtica exhibición de precisión. Pocas bandas consiguen sonar con semejante limpieza manteniendo al mismo tiempo un nivel de agresividad tan elevado. La base rítmica formada por Paolo Gregoletto y Alex Bent volvió a demostrar por qué está considerada una de las más sólidas del metal actual, sosteniendo cada composición con una contundencia y una precisión admirables.

Por delante, Corey Beaulieu y Matt Heafy se repartieron las guitarras solistas con una naturalidad pasmosa. Cada solo, cada armonía y cada cambio de ritmo encajaban con absoluta precisión, dejando claro el enorme trabajo técnico que existe detrás de una banda que continúa evolucionando sin perder la esencia que la convirtió en una referencia del género.


Pero si algo volvió a quedar patente fue la capacidad de Matt Heafy para ejercer de maestro de ceremonias. Cercano, comunicativo y siempre con una sonrisa, el vocalista mantuvo un contacto constante con el público entre canción y canción, alentando los círculos, los pogos y las palmas sin necesidad de recurrir a grandes discursos. Su naturalidad terminó por meterse a las decenas de miles de asistentes en el bolsillo desde los primeros minutos.

A pesar del cansancio acumulado tras muchas horas de festival, nadie parecía dispuesto a bajar el ritmo. Muy al contrario. Cada nuevo tema encontraba una respuesta todavía más efusiva que el anterior, convirtiendo el concierto en una auténtica demostración de comunión entre banda y público. El cierre con "In Waves" volvió a desatar una última explosión de energía. Miles de personas coreaban el ya inconfundible estribillo mientras el Main Stage se convertía en un inmenso mar de brazos levantados y círculos de pogo que parecían no tener fin.

Trivium dejó el listón altísimo. De esos conciertos que recuerdan por qué algunas bandas consiguen mantenerse durante tantos años en la primera línea del metal internacional. Sin embargo, mientras abandonaban el escenario, bastaba con mirar alrededor para darse cuenta de que aquello no había terminado.

Todo lo contrario.

Durante la actuación de Trivium ya resultaba evidente que buena parte del público había comenzado a buscar un buen sitio frente al Main Stage, pero en cuanto terminó el concierto la afluencia de gente se volvió sencillamente espectacular. Caminar entre la multitud era cada vez más complicado y cualquier intento de acercarse al escenario se convertía en una misión prácticamente imposible.

Ni siquiera nuestra acreditación de prensa nos permitió llegar hasta las cercanías del foso. La enorme concentración de público obligó a cambiar los planes sobre la marcha y seguimos buena parte del concierto desde la zona alta de Pandemonium, un espacio que incluso tuvo que restringir temporalmente el acceso por cuestiones de aforo. Desde allí se obtenía una perspectiva privilegiada de lo que estaba ocurriendo: una inmensa alfombra de personas ocupaba cada metro disponible del recinto. Bastaba con levantar la vista para comprender que estábamos ante el momento más multitudinario de todo el Resurrection Fest EG 2026.

Después de muchos años figurando entre las bandas más solicitadas por los seguidores del festival, por fin había llegado el momento de ver a Fred Durst, Wes Borland y compañía sobre el escenario principal.

No tardaron ni unos segundos en justificar la espera.


El arranque con "Hot Dog" fue una auténtica declaración de intenciones. El Main Stage explotó desde el primer acorde y el ambiente terminó de desbordarse con "Break Stuff", una de esas canciones que parecen hechas para sonar en un festival de estas dimensiones. A partir de ahí, la banda fue enlazando clásicos sin apenas bajar la intensidad: "9 Teen 90 Nine", "Faith", su ya inseparable versión del éxito de George Michael, "My Generation", "Livin' It Up", "My Way", "Eat You Alive", "Re-Arranged", "Rollin' (Air Raid Vehicle)", "Nookie", "Full Nelson", "Boiler", "Behind Blue Eyes", "Take a Look Around" y un explosivo regreso a "Break Stuff" para cerrar una actuación que hizo justicia a la enorme expectación generada.

Sobre el escenario, Fred volvió a demostrar que sigue siendo uno de los frontman más carismáticos del nu metal. Lejos de limitarse a cantar, convirtió el concierto en una conversación permanente con el público, alternando momentos de pura energía con otros mucho más distendidos. A su lado, Wes volvió a ofrecer una exhibición de personalidad. Su inconfundible estética, unida a una interpretación impecable, confirmó una vez más que sigue siendo uno de los guitarristas más singulares del género.


Musicalmente, el grupo sonó con una contundencia incontestable. El gigantesco videowall instalado tras la banda, mostrando las letras de las canciones, terminó convirtiendo el concierto en un inmenso karaoke colectivo. Resultaba difícil encontrar a alguien que no estuviera cantando. Desde nuestra posición elevada podía verse perfectamente cómo decenas de miles de personas respondían al unísono a cada uno de los grandes himnos del repertorio, creando una de las imágenes más impactantes de toda la edición.

El concierto dejó además varios momentos muy especiales. Uno de los más emotivos llegó cuando Fred Durst invitó al escenario a un joven que celebraba allí mismo su 18.º cumpleaños, compartiendo con él un instante que difícilmente olvidará. Poco después llegó otro de los episodios más comentados de la noche. Una seguidora portuguesa fue elegida para subir al escenario e interpretar "Full Nelson" junto a la banda. Los nervios le jugaron una mala pasada y llegó incluso a vomitar sobre el escenario antes de comenzar, pero, una vez recuperada, terminó defendiendo la canción con una actitud admirable, recibiendo una enorme ovación por parte del público.


También hubo tiempo para recordar que, en eventos de estas dimensiones, la seguridad debe situarse siempre por encima del espectáculo. La actuación se detuvo brevemente para permitir que los servicios médicos atendieran y evacuaran con seguridad a un asistente indispuesto en las primeras filas, una intervención que se desarrolló con rapidez y absoluta profesionalidad por parte de la organización.

Si hubiera que señalar algún aspecto menos convincente del concierto, probablemente sería su ritmo. Entre esa interrupción, el episodio protagonizado por la seguidora portuguesa y los numerosos speeches de Fred Durst entre canciones, la actuación perdió algo de continuidad en varios momentos. Aunque esos paréntesis reforzaron la cercanía del vocalista con el público y dejaron escenas muy humanas, también ralentizaron por momentos un espectáculo que, en lo estrictamente musical, estaba siendo sobresaliente.

Aun así, ese detalle apenas empañó una actuación destinada a permanecer durante mucho tiempo en la memoria de quienes llenaron el recinto. Limp Bizkit no solo cumplió con las enormes expectativas que había generado su primera visita al Resurrection Fest; firmó uno de los conciertos más multitudinarios de la historia reciente del festival y convirtió el Main Stage en una auténtica celebración colectiva de una generación que llevaba años esperando este momento.

Cuando las luces comenzaron a apagarse y buena parte del público emprendía el camino de regreso, para nosotros la jornada todavía no había terminado. Mientras nuestro fotógrafo ponía fin a un día agotador después de miles de fotografías y kilómetros recorridos entre escenarios, todavía quedaba una última parada antes de dar por concluido un viernes sencillamente inolvidable.

No podremos acompañar estas líneas con imágenes, pero sí con las sensaciones que dejó House of Protection, una formación que saldó por fin la deuda pendiente que tenía con el Resurrection Fest después de que su actuación prevista el año anterior tuviera que cancelarse por problemas logísticos. Lo ocurrido en el Chaos Stage confirmó que la espera había merecido la pena.

El dúo estadounidense formado por Stephen Harrison y Aric Improta, ambos exmiembros de Fever 333, firmó uno de los conciertos más eléctricos de toda la edición. Su combinación de hardcore, metal, electrónica y actitud desbordante convirtió el escenario en una auténtica fiesta desde el primer minuto. La respuesta del público fue inmediata y el escenario elegido terminó quedándose pequeño para albergar a todos los que quisieron sumarse a una actuación que fue creciendo de manera imparable.

Más que un concierto, aquello parecía una descarga de adrenalina continua. Harrison e Improta no dejaron un solo segundo para el descanso, moviéndose sin parar, buscando constantemente la complicidad del público y demostrando por qué House of Protection se ha convertido en uno de los nombres con mayor proyección de la escena alternativa internacional. Resulta difícil imaginar que dentro de unos años sigan actuando en escenarios de tamaño medio.

Todavía hubo tiempo para una última parada antes de abandonar definitivamente el recinto. Apenas unos minutos bastaron para acercarnos al concierto de Cavalera, inmersos en su homenaje al imprescindible Chaos A.D. de Sepultura. Aunque la visita fue breve, resultó suficiente para comprobar el excelente estado de forma de Max Cavalera, plenamente recuperado, la inagotable contundencia de Igor Cavalera tras la batería y la enorme solidez que aporta la formación actual, con Igor Amadeus Cavalera y Travis Stone completando un sonido que recupera con enorme fidelidad el espíritu de una de las etapas más brillantes de la historia de Sepultura.

Con el recinto comenzando poco a poco a vaciarse, tocaba emprender el camino de regreso. El cansancio ya era evidente, las tarjetas de memoria rebosaban fotografías y las piernas empezaban a pasar factura después de tantos kilómetros recorridos entre escenarios. Pero la sensación era exactamente la contraria a la fatiga.

Había sido uno de esos días que justifican meses de preparación, cientos de kilómetros de carretera y muchas horas de trabajo.

El viernes confirmó que el Resurrection Fest EG 2026 había alcanzado su punto más alto. Fue la jornada de mayor asistencia, la que obligó a multiplicar esfuerzos para cubrir un cartel tan variado como exigente y la que dejó algunas de las imágenes que permanecerán durante mucho tiempo en la memoria de quienes tuvimos la fortuna de vivirla desde dentro.

Y camino de Covas, con el eco de los últimos acordes todavía resonando en la cabeza, solo había un pensamiento compartido entre todo el equipo.

Aún quedaba una jornada más.

Os dejamos con la galería de fotos de la jornada: