La primera jornada fue un perfecto reflejo de esa filosofía. Cuatro actuaciones muy diferentes entre sí, pero conectadas por un mismo espíritu: el regreso de una banda fundamental del indie gallego, la contundencia de uno de los grandes referentes alternativos estatales, la energía de una generación más joven y el cierre internacional de un grupo convertido en auténtico himno generacional.
Pero la experiencia del Atlantic Fest comenzó mucho antes del primer acorde.
La entrada al festival ofreció este año una primera impresión realmente espectacular. El primer gran protagonista fue el propio entorno: el renovado espacio de O Ramal, inaugurado el pasado 1 de julio, un proyecto de regeneración urbana que ha transformado 4.300 metros cuadrados en una gran zona de praderas y arbolado que conecta la ciudad con la Praia da Concha, integrando todavía más el festival con uno de sus grandes valores diferenciales: su privilegiada ubicación junto al mar.
A esta transformación del espacio se sumó otro elemento que rápidamente se convirtió en una de las imágenes más llamativas de esta décima edición. Una gigantesca figura de más de diez metros de altura, vestida con la propia imagen del festival, daba la bienvenida a los asistentes al recinto, aportando un toque mágico y convirtiéndose en uno de los grandes iconos visuales del Atlantic Fest 2026.
Había mucha expectación por volver a ver a Nadadora sobre un escenario. Trece años después de su despedida, la formación gallega fue la encargada de inaugurar la décima edición del Atlantic Fest, un regreso cargado de simbolismo para un festival que siempre ha mantenido una estrecha relación con la escena musical gallega.
A las 20:00 horas, con la Praia da Concha como escenario de fondo y un atardecer veraniego acompañando el inicio de la jornada, la banda se reencontró con un público que llevaba más de una década esperando este momento.
Su regreso no fue simplemente un ejercicio de nostalgia. Nadadora volvió con nueva música bajo el brazo y con la misma sensibilidad que convirtió sus trabajos anteriores en referencias del indie nacional. Su EP "Mañana y Siempre" (2025) fue uno de los grandes protagonistas de un repertorio que combinó pasado y presente con absoluta naturalidad.
La banda abrió con "Deshazte de Mí", antes de enlazar con "1987" y "El Sueño Ardiendo", dejando claro desde el principio que su identidad seguía intacta: guitarras delicadas, atmósferas envolventes y esa capacidad especial para moverse entre el dream pop y la melancolía.
El concierto avanzó entre canciones nuevas y clásicos de su trayectoria. Temas como "Septiembre No Está Tan Lejos", "Sara Dice", "20.000 Veces" o "Una Nueva Vida" fueron recibidos con emoción por unos seguidores que volvieron a encontrarse con una banda que parecía haber detenido el tiempo.
Las nuevas composiciones demostraron encajar perfectamente dentro del universo de Nadadora. "Anillo", "Valiente", "Siempre", "Bailaremos", "1997" y el cierre con "Aparecer" confirmaron que "Mañana y Siempre" no es una mirada atrás, sino una continuación natural de una identidad artística muy reconocible.
Con un directo elegante y cuidado, donde guitarras, teclados y las voces a dúo de Sara Atán y Gonzalo Abalo ahora un poco menos compartidas a dúo volvieron a ser protagonistas, Nadadora ofreció un concierto basado en la emoción y los pequeños detalles. Una manera perfecta de comenzar el décimo aniversario del Atlantic Fest: celebrando la memoria, pero mirando hacia delante.
Si Nadadora representó la emoción del reencuentro, Triángulo de Amor Bizarro se encargó de elevar la intensidad de la jornada. Jugando prácticamente en casa, la banda de Barbanza volvió a demostrar por qué continúa siendo uno de los grandes referentes del post-punk, el noise rock y el shoegaze en España.
Con Isa Cea, Rodrigo Caamaño y Rafael Mallo sobre el escenario, el grupo salió dispuesto a no conceder un solo momento de tregua. Desde el primer acorde desplegaron una descarga sonora marcada por guitarras afiladas, una base rítmica contundente y una mezcla perfecta entre agresividad y melodía.
El concierto sirvió además para presentar en directo parte del universo de "Mi Catedral" (2026), un trabajo que reafirma la personalidad de una banda que, después de más de dos décadas de trayectoria, continúa explorando nuevas formas de convertir el ruido en canciones memorables.
El repertorio fue un viaje por su discografía, alternando las nuevas composiciones con algunos de sus temas más celebrados. "SMT en el Palacio Real", "Robo tu tiempo", "El himno de la bala" o "Matar a un rey" fueron algunos de los momentos más intensos de una actuación que provocó pogos, saltos y una conexión absoluta con el público.
Las voces de Isa Cea y Rodrigo Caamaño volvieron a ser una de las grandes señas de identidad del directo, generando un contraste perfecto entre contundencia y melodía sobre una auténtica muralla de sonido.
Sin grandes artificios, Triángulo de Amor Bizarro dejó que las canciones hablaran por sí solas. Su paso por el Atlantic Fest confirmó el excelente momento creativo de una formación que sigue siendo una referencia imprescindible de la música alternativa gallega y estatal.
Entre concierto y concierto, el Atlantic Fest volvió a demostrar que la experiencia de un festival no se limita únicamente a los grandes nombres del cartel. Grande Osso fueron los encargados de mantener viva la energía durante los cambios de escenario, animando al público y consiguiendo que la fiesta no decayese en ningún momento.
Su presencia aportó continuidad a una jornada que avanzaba sin pausas, convirtiendo esos momentos de transición en parte del propio espectáculo. Una muestra más de que el ambiente, los pequeños detalles y todo aquello que sucede entre actuaciones también forman parte de la identidad del Atlantic Fest.
La tercera actuación de la noche llevó al escenario a Carolina Durante, que aprovechó su única fecha festivalera del verano en Galicia para confirmar que atraviesa uno de los momentos más sólidos de su carrera.
La banda madrileña llegó al Atlantic Fest inmersa en la recta final de presentación de "Elige tu propia aventura", pero sorprendió con una puesta en escena algo diferente a la habitual.
A mitad del concierto, a sus habituales guitarras afiladas se sumó un trío de cuerda, entre cuyas integrantes se encontraba la violinista Mikaela Vázquez (a quién veríamos también el día siguiente con Carlos Ares) además de una trompeta y la colaboración de Banin, teclista de Los Planetas (y al que veríamos también de nuevo el sábado). Este despliegue instrumental aportó nuevos matices a sus canciones sin restar un ápice de la energía que caracteriza al grupo.

Uno de los grandes protagonistas volvió a ser Diego Ibáñez. El vocalista ofreció una auténtica exhibición de entrega física y carisma, completamente recuperado de los problemas físicos que marcaron el inicio de la gira. Saltos desde el escenario a los grandes subwoofers situados frente al público, incursiones entre los asistentes y una conexión constante marcaron una actuación en la que volvió a demostrar por qué es uno de los frontman más carismáticos del panorama actual. Da gusto verlo al 100% y ya con las muletas que lo acompañaron al principio de la gira muy lejos de él. Se le vió muy feliz en el escenario y la presencia de su familia entre el público seguro que ayudó a motivarlo más aún si cabe.
Junto a él, Mario, Martín y Juan mostraron una química impecable, sosteniendo un directo compacto y explosivo que convirtió la Praia da Concha en una auténtica fiesta.
La gira volvió a mantener algunos de sus elementos más reconocibles, como el homenaje a The Office, cuya sintonía abrió y cerró el concierto. Tampoco faltó el divertido momento del café en la oficina antes de "Tomé Café".
El repertorio estuvo plagado de himnos como "Joderse la vida", "Misil", "Tempo 2", "Dios Plan", "San Juan", "Cayetano", "En Verano", "Las canciones de Juanita", "La noche de los muertos vivientes" y "Perdona (Ahora sí que sí)", canciones que ya forman parte del imaginario de toda una generación.
Carolina Durante volvió a demostrar que su crecimiento no ha hecho perder ni un ápice de frescura a una propuesta que sigue siendo directa, irreverente y tremendamente efectiva en directo.
La madrugada tenía reservado el cierre para Two Door Cinema Club, y el trío norirlandés cumplió con creces la responsabilidad de poner el punto final a la primera jornada.
Más de quince años después de su irrupción internacional, la banda continúa siendo un valor seguro en los grandes festivales europeos. Su actuación estuvo marcada por un sonido impecable, con guitarras cristalinas, ritmos electrónicos perfectamente integrados y una precisión instrumental que convirtió cada canción en una invitación al baile.
Alex Trimble, Sam Halliday y Kevin Baird mantuvieron durante todo el concierto ese equilibrio entre elegancia y energía que ha definido su trayectoria. Sin necesidad de grandes artificios, consiguieron que miles de asistentes permanecieran entregados desde el primer minuto.
El repertorio recorrió toda su carrera, combinando la nostalgia de sus primeros años con canciones más recientes. "Undercover Martyn", "What You Know", "Next Year" o "Something Good Can Work" fueron algunos de los momentos más celebrados de una noche en la que el público convirtió cada estribillo en un canto colectivo.
El cierre con "Wonderful Life" puso el broche definitivo a una actuación que confirmó que sus canciones continúan plenamente vigentes y que su capacidad para conectar con el público permanece intacta.
Con este concierto terminaba una primera jornada que resumió a la perfección la esencia del Atlantic Fest: historia, presente y futuro conviviendo frente al mar. Diez años después, el festival volvia a demostrar que su mayor fortaleza no está únicamente en los nombres de su cartel, sino en la capacidad de construir experiencias donde cada concierto encuentra su lugar dentro de un relato común.
Os dejamos con la galería de fotos de la jornada: