Costa Feira vivió este lunes una de esas noches en las que las canciones consiguen reunir a varias generaciones frente a un mismo escenario. El festival de Sanxenxo recibió a Loquillo ante unas 3.200 personas, en una jornada que tuvo en No Quiero el prólogo perfecto antes de que el rock and roll tomase definitivamente el protagonismo.

No Quiero fue la encargada de abrir la noche con una propuesta que bebe del rock de los 80 y los 90 y lo mezcla con un pop directo y emocional. La banda aprovechó su paso por Costa Feira para reivindicar sus dos trabajos discográficos, Tóxico y Monterey, llevando al directo una selección de canciones en las que queda patente la evolución de su sonido. Temas como “Amarillo”, “Monterrey”, “Toma de control”, “Sexy Jane”, “Elisa”, “Ficción”, “Tóxico” o “Mentiras” fueron dando forma a una actuación en la que la formación mostró sobre el escenario un notable equilibrio entre sus diferentes instrumentos, aportando cada músico su propia personalidad a un sonido que ganó riqueza y profundidad en directo.

Al frente, Gaby Salaverry volvió a demostrar su capacidad para hacerse dueño del escenario. Incansable durante toda la actuación, convirtió cada rincón de la tarima en parte de su espectáculo, acercándose al público, bajando hasta el Front Stage, tirándose al suelo o poniéndose de rodillas sin rebajar en ningún momento la intensidad de su interpretación. A su lado, Antón Uribe aportó su peso instrumental y vocal, formando junto a Gaby un tándem que mantuvo la actuación en constante movimiento y que no dejó de buscar la complicidad de los asistentes.
También hubo espacio para hablar de Galicia. Antón reivindicó su vínculo con nuestra tierra y explicó que está casado con una gallega, mientras Gaby también presumió de sus lazos con Galicia. Un sentimiento compartido por toda la formación y que quedó patente durante una actuación en la que la banda dejó claro que su relación con esta tierra va mucho más allá de una simple parada dentro de una gira.
Pasadas las diez y media de la noche llegó el turno de Loquillo. El artista apareció acompañado por una banda de enorme solvencia, con Josu García e Igor Paskual a las guitarras, Alfonso Alcalá al bajo, Laurent Castagnet a la batería, Germán Sanmartín a los teclados y acordeón y Dani Herrero al saxo.
"En las calles de Madrid” abrió un repertorio que desde el principio apostó por recorrer diferentes etapas de su trayectoria. “Línea clara”, “María” y “Pégate a mí” dieron paso a “Creo en mí”, antes de que “El hombre de negro”, la versión de Johnny Cash, introdujese un nuevo matiz en la actuación.
“Los buscadores” y “El hijo de nadie” condujeron al público hasta “Salud y rock and roll” y “Cruzando el paraíso”, mientras la banda iba ganando protagonismo. Las guitarras de Josu García e Igor Paskual marcaron buena parte del sonido del concierto, respaldadas por una sección rítmica sólida y por un Dani Herrero que encontró en el saxo diferentes momentos para destacar.

Con “El rompeolas” llegó uno de los primeros grandes estallidos de la noche. El público reconoció inmediatamente los primeros acordes y convirtió la canción en uno de los grandes coros colectivos del concierto. “Memoria de jóvenes airados” tomó el relevo antes de que “Rock suave” y “El último clásico” mantuvieran el pulso de una actuación que avanzaba sin necesidad de artificios.
“Carne para Linda” dejó además una de las imágenes más cercanas de la noche. Loquillo abandonó el escenario y bajó hasta el Front Stage para saludar y acercarse a los asistentes, rompiendo durante unos instantes la distancia habitual entre artista y público.

Después llegaría “Rey del glam”, el homenaje a Alaska y Dinarama, antes de entrar en una recta final en la que Loquillo decidió poner sobre la mesa buena parte de sus grandes clásicos. “Rock and Roll Star” y “Rock and Roll actitud” elevaron todavía más la respuesta del recinto, mientras “La mataré” preparaba el terreno para los últimos compases.
“El ritmo del garaje” convirtió Costa Feira en un enorme coro. La canción fue seguida por “Feo, fuerte y formal”, con el público entregado a cada uno de sus versos, y finalmente por “Cadillac solitario”, encargada de cerrar un concierto que superó las dos horas de duración.


La despedida dejó una última imagen especialmente significativa. Mientras Loquillo y su banda se preparaban para la fotografía final, comenzó a sonar “Al calor del amor en un bar”, de Gabinete Caligari, como música de fondo. Pero la noche todavía no había terminado. Tras el concierto, BULLA!, con Ángel Mera y Santi Moreno, tomó el relevo para mantener el ambiente en Costa Feira y prolongar la jornada hasta la madrugada.
Así se cerró una noche que tuvo en el rock su principal hilo conductor. En una edición de Costa Feira marcada por una programación muy diversa, la jornada de Loquillo tuvo una personalidad propia: guitarras, una banda en plena forma, canciones capaces de atravesar generaciones y un público dispuesto a cantarlas de principio a fin. Una de esas noches en las que el festival cambia durante unas horas de registro y Sanxenxo vuelve a sentirse como un territorio natural para el rock and roll.

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