Hay festivales que se miden por el tamaño de su cartel y otros por su capacidad para sorprender. Sinsal pertenece, sin duda, al segundo grupo. La tercera y última jornada en la isla de San Simón volvió a demostrar por qué el secreto sigue siendo uno de los mayores atractivos del festival. Sin nombres anunciados previamente, el público se dejó llevar durante todo el domingo por un recorrido sonoro que cruzó continentes, estilos y culturas sin perder nunca la esencia de este encuentro único.
La jornada comenzó desde la llegada de los primeros barcos a la isla, donde el ambiente ya invitaba a descubrir qué escondía el cartel secreto. Mientras Galis115 amenizaba la bienvenida desde el escenario Malmequeres, los asistentes iban ocupando los distintos rincones de San Simón antes de que arrancaran los conciertos.
El primero en abrir el programa fue Skanderani, que inauguró el escenario Buxos Xacobeo 2027 con una propuesta tan inclasificable como hipnótica. El proyecto liderado por Ahmed Moussa, con raíces gallegas y egipcias, construyó un viaje donde convivieron la música árabe instrumental, el afrobeat y las influencias de la psicodelia mediterránea, confirmando el gusto de Sinsal por los proyectos que desafían cualquier etiqueta.
El escenario Santo Antón acogió a Mocho Gris, el proyecto compartido por el gallego Lucas de Centi y el portugués João Neves, dos músicos habituales del universo de Baiuca que han encontrado en este dúo un espacio para explorar nuevos paisajes sonoros. Su actuación fue una de las más íntimas y envolventes de la jornada, con una propuesta que fusiona electrónica, folk y experimentación en perfecta armonía con el entorno natural de San Simón.
El dúo presentó buena parte de su trabajo sobre el escenario con un repertorio formado por "Trailers", "Arde Roma", "Adeus que te vais", "Grito", "Camiño do Alén" y "Bravos", antes de despedirse con una emocionante interpretación de "Wandering Star". Un concierto pausado, repleto de matices y texturas, que invitó al público a dejarse llevar por una experiencia sonora tan delicada como hipnótica y que volvió a demostrar que en Sinsal también hay espacio para las propuestas más contemplativas.
La programación continuó con Nadeem Din-Gabisi, uno de los estrenos absolutos en España. El artista británico de ascendencia sierraleonesa convirtió el escenario Buxos en un espacio donde el soul, el funk y el hip hop sirvieron para hablar de identidad, raíces y pertenencia. Su propuesta destacó tanto por la calidad musical como por la carga emocional de unas canciones que conectaron rápidamente con el público.
El turno del escenario principal, el escenario San Simón Son Estrella Galicia, llegó con Indus, otra de las grandes sorpresas del domingo. El dúo colombiano mezcló ritmos tradicionales de su país con sintetizadores, bases electrónicas y herramientas digitales, construyendo un directo pensado para el baile pero sin renunciar a la riqueza de la música popular colombiana. Su estreno en España dejó claro que tradición y vanguardia pueden convivir con total naturalidad.
Ya entrada la tarde, Virginie Dembelé aportó otro de los grandes momentos del festival. La artista maliense, acompañada por su banda, desplegó un repertorio marcado por el roots blues africano y la música tradicional de Mali, reivindicando además el papel de la mujer dentro de la cultura de su país. Su potente voz y la fuerza de la banda conquistaron a una audiencia completamente entregada.
El broche musical sobre el escenario San Simón lo puso Juventude, una de las sorpresas que más ilusión nos hizo descubrir al desvelarse el cartel secreto. Aunque para la mayoría del público era un nombre completamente desconocido hasta poner pie en la isla, en nuestro caso llevábamos tiempo siguiéndoles la pista y ya los teníamos en el radar como una de esas bandas con mucho recorrido por delante. Verlos formar parte de Sinsal hizo que su concierto tuviera un significado especial.
El dúo andaluz no defraudó y convirtió su debut ante el público gallego en una auténtica celebración. Su mezcla de psicodelia, rumba, flamenco-pop, ska y un humor tan particular como contagioso encajó a la perfección con el espíritu del festival. Durante el concierto fueron cayendo canciones como "Dicen de ti", "Reina de mis males", "Mis pecados", "Los Potrillos", "Soy una nube", "Cariño", "Ana mi amor", "Te quiero Juli", "Los Reyes Magos", "El día de la aventura", "Cassius Clay", "La Motillo" y "Morir en primavera", antes de despedirse con "La Motillo Remix". Un concierto desenfadado, divertido y lleno de personalidad que confirmó que la confianza que habíamos depositado en ellos estaba más que justificada.


Como ya es tradición, la despedida quedó en manos de Matéria Prima DJs, auténticos referentes de la cultura musical portuguesa. Sus sesiones en Malmequeres acompañaron el final de una jornada que puso punto final al paso del festival por San Simón antes de continuar su travesía en otros escenarios de Galicia y Portugal.
Más allá de la música, el domingo volvió a estar acompañado por actividades paralelas como las rutas por la isla, talleres familiares, propuestas sonoras, la presentación del sello Analogik Dreams y un taller gastronómico de Begoña Vázquez, reafirmando la filosofía de un festival que entiende la cultura como una experiencia completa.
Sinsal volvió a despedirse de San Simón sin necesidad de grandes nombres comerciales. Lo hizo apostando, una vez más, por el descubrimiento, el riesgo artístico y la confianza en que la mejor sorpresa es aquella que no aparece escrita en ningún cartel.
Más allá de la música, Sinsal vuelve a demostrar que su verdadera esencia está en la experiencia que ofrece. Pocos festivales consiguen crear un ambiente tan relajado y respetuoso, donde el tiempo parece detenerse para disfrutar de cada concierto sin prisas. La convivencia entre público, artistas y el privilegiado entorno natural de la isla convierte cada edición en algo especial. El cuidado por el patrimonio, el respeto por el medio ambiente y una programación pensada para todas las edades hacen de Sinsal un lugar perfecto para compartir en familia. Ver a niños descubriendo sus primeros conciertos, moviéndose con total libertad entre escenarios y creciendo rodeados de música en directo es, probablemente, una de las imágenes que mejor define el espíritu de un festival que entiende la cultura como una experiencia para vivir y compartir.
Os dejamos con la galería de fotos de la jornada: