Amaramar nació en Compostela, pero su imaginario vital y sonoro está profundamente ligado al mar. El grupo, que se mueve con soltura entre el indie rock, las guitarras distorsionadas y las atmósferas electrónicas, se ha convertido en uno de esos nombres que empiezan a repetirse con insistencia dentro del circuito emergente gallego. No por casualidad: hay una identidad clara, un discurso coherente y un directo que crece concierto a concierto.
La semilla de Amaramar brota a partir de las inquietudes creativas de Enric Pellicer Espinosa, guitarrista y vocalista del grupo. Natural de Cataluña, pero gallego de adopción, Enric llega a Galicia tras una etapa nómada recorriendo la costa en furgoneta, con el surf como forma de vida y el mar como constante. Durante ese periodo desarrolla Belish, su proyecto paralelo de música electrónica, en el que comienza a experimentar con guitarras eléctricas y texturas más orgánicas. Es en la grabación de su primer trabajo cuando surge la necesidad de llevar esas canciones a otro terreno, más físico y emocional. Ahí empieza a tomar forma Amaramar.
Las playas de Corrubedo actúan como punto de encuentro y catalizador. Surfeando conoce a Dario, bajista del grupo, quien a su vez le presenta a Roi, guitarrista con el que comparte afinidades musicales y vitales. Roi y Darío ya tocaban juntos en Tremenda Sudada, una banda de versiones nacionales nacida para tocar entre amigos. Darío, además, lleva el salitre en las venas: trabaja en las bateas y mantiene una relación directa con el mar que terminaría impregnando el ADN del proyecto. El nombre del grupo no tardaría en aparecer de forma casi natural: amor y mar, dos conceptos inseparables.
La formación se completa con la llegada de Julia de Lamas a la percusión. Procedente del entorno de Mondra y más vinculada al río que al océano, su incorporación aporta la base rítmica y la profesionalidad necesarias para que el proyecto dé un salto cualitativo. La conexión entre los cuatro es inmediata y convierte una idea todavía embrionaria en una banda con ambición real.
En 2025 publican su primer álbum, el mar, un debut honesto y orgánico en el que conviven canciones como "Eclipse solar", "praia do vilar" o "el mar". Grabado de forma casera, casi artesanal, el disco rehúye la perfección técnica en favor de la emoción, la cercanía y la sensibilidad poética. La influencia de Belish se percibe en el uso de sintetizadores, pads y capas electrónicas, mientras que las guitarras —afinadas en "Drop D"— aportan un carácter más oscuro y pesado de lo habitual dentro del indie rock.
El mar no es solo una metáfora: es el eje vertebrador del proyecto. Aparece en el nombre, en el disco y en las letras, como refugio, vía de escape y espacio de contradicciones. Calma y tempestad, belleza y peligro. Esa dualidad se traslada a unas canciones que hablan del dolor, del desamor y de la huida, pero siempre envueltas en melodías luminosas y estribillos directos. Incluso temas aparentemente livianos esconden lecturas más profundas, como "Praia do Vilar", que funciona casi como una carta de despedida disfrazada de canción surfera.
A nivel de influencias, Amaramar es el resultado de cuatro mundos distintos que conviven sin fricción. Desde el folk que escucha Julia hasta el hardcore y el metal que marcan a Roi y Darío, pasando por el pasado metalcore de Enric —que no duda en dejar escapar algún gutural en directo— y su amor por la electrónica. Todo ello se filtra a través del britpop y del indie anglosajón, con referencias claras a Oasis, Joy Division, The Cure, The Strokes o Arctic Monkeys.
El crecimiento de la banda dentro del circuito emergente gallego ha sido rápido, pero sostenido. En 2025 se alzan con la segunda edición de Onda Chicha y pisan escenarios tan simbólicos como la Sala Capitol de Santiago, donde telonean a Barry B. A esto se suman fechas en espacios míticos como A Pousada da Galiza Imaxinaria de Boiro o el Café Cultural Auriense de Ourense, consolidando un directo que gana fuerza a medida que amplían su radio de acción.
Sobre el escenario, Amaramar destaca por su presencia escénica y por una energía que no se queda encerrada en las tablas. Enric no tiene reparos en fundirse con el público y en jugar con el repertorio, llegando incluso a versionar "Los Perros" de Arde Bogotá con personalidad propia, dejando claro hacia dónde apunta el imaginario sonoro de la banda.
De cara a 2026, Amaramar afronta un año clave. La banda estará presentando el mar en distintos puntos de Galicia, con conciertos como el que tendrá lugar en A Cofradía el próximo 7 de febrero, mientras continúa trabajando en nuevas canciones, algunas de ellas en gallego. Además, el grupo prepara el lanzamiento de "el mar" en formato vinilo, un paso más en la consolidación de un proyecto que no deja de crecer.
Todo apunta a que Amaramar ya ha superado la fase de promesa para instalarse en la de realidad tangible. Con un disco que sigue sumando oyentes, un directo cada vez más sólido y nuevos horizontes creativos por delante, el grupo afronta el futuro con los pies en la arena y la mirada puesta más allá del horizonte. Si el mar fue el origen, ahora parece también el impulso que los empuja a seguir avanzando dentro del mapa emergente gallego… y a empezar a salirse de él.






