El viernes 13 de marzo, la Sala Capitol de Santiago de Compostela acogió la llegada de una de las propuestas más singulares que han aparecido en el panorama musical español en los últimos meses. Chiquita Movida aterrizaba en Galicia para presentar "Alta vaina", su primer álbum de estudio, un trabajo que va más allá de una simple colección de canciones: un proyecto donde música, humor y ficción conviven dentro de un mismo universo creativo.
Ese universo gira en torno al IEIEE, el Instituto para el Estudio de la Energía Inútil (la úlima E sobra), una institución ficticia que sirve de marco para el falso documental que acompaña el lanzamiento del disco. En él se cuenta el supuesto origen de la banda en medio de una fiesta que termina derivando en un concurso de talentos completamente descontrolado, todo narrado con una estética de mockumentary que recuerda inevitablemente a la serie The Office. Una serie que está marcando últimamente mucho la escena musical española (siendo también el eje sobre el que vertebra la última gira de Carolina Durante).
En Santiago, la experiencia comenzó incluso antes de que apareciera la banda sobre el escenario. Desde la apertura de puertas, la propia sala parecía haberse transformado en una delegación temporal del IEIEE. Cada cierto tiempo, los altavoces interrumpían el murmullo del público con anuncios institucionales completamente absurdos: mensajes burocráticos sin sentido, advertencias surrealistas o comunicaciones que parecían sacadas de una parodia administrativa. Aquella ambientación convertía la espera en una antesala tan desconcertante como divertida.
Cuando las luces finalmente se apagaron, el inicio del concierto dejó claro que aquello no iba a ser un directo al uso. Los integrantes del grupo fueron apareciendo uno a uno para fichar su entrada, como si comenzaran una jornada laboral cualquiera en el IEIEE. El gesto, tan cotidiano como absurdo en el contexto de un concierto, arrancó las primeras carcajadas de la noche y marcó el tono de lo que vendría después.
Con todos los miembros ya “en su puesto”, el concierto arrancó con “Gastos de gestión”, una declaración de intenciones que conecta perfectamente con el espíritu del grupo: convertir la burocracia cotidiana, las contradicciones de la vida adulta y los pequeños absurdos del día a día en material artístico.
El repertorio fue recorriendo el universo de "Alta vaina" con naturalidad. “Olas en el mar” llegó pronto para abrir la dinámica que vertebraría todo el espectáculo. Tras la canción, Manu tomó la palabra en el primero de los speeches de la noche. Lejos de ser simples presentaciones, estos momentos funcionaban como pequeños monólogos humorísticos en los que los miembros de la banda parecían enfrentarse a una incómoda reunión con su jefe, tratando de explicar —o justificar— las consecuencias de la noche anterior.
La historia continuó con “Autarquía emocional” y “Fotomatón para bodas fallidas”, antes de que Jona tomase el relevo en el apartado humorístico. El concierto avanzaba así como una especie de sitcom musical en directo, donde cada canción parecía un nuevo capítulo y cada speech ampliaba la narrativa absurda del IEIEE.
“Te mayor” y “La nueva ilusión de” reforzaron el tono irónico del repertorio, mientras el monólogo de David volvía a situar al público dentro de ese universo donde la lógica cotidiana se mezcla constantemente con el humor surrealista.
La segunda parte del concierto mantuvo la dinámica con “Volunturismo” y “Despido procedente”, tras lo cual Johnny protagonizó otro de los momentos cómicos de la noche. “Post de Cultura Inquieta” y “Ciencia fricción” mostraron la faceta más crítica de la banda, con letras que ironizan sobre la cultura digital, las modas intelectuales o las contradicciones generacionales, “Sad Men Moustache”, precedió el speech de un loco italiano con peluca llamado Mediyama, antes de encadenar “Entre Fiori di San Remo y San Isidro” y “Mirrorball”, tras los cuales llegó la intervención de Pablo, el único gallego del público que se marcó todo un Tony Leblanc.


La Sala Capitol, completamente llena, acompañó el espectáculo desde el primer momento. Pese a tratarse del repertorio de un primer disco y de canciones que llevan relativamente poco tiempo publicadas, buena parte del público coreó los temas durante todo el concierto. Muchos asistentes decidieron además mimetizarse con el propio concepto del espectáculo acudiendo con corbata, como si también fueran empleados del IEIEE. Ese pequeño guiño colectivo reforzaba el juego escénico y convertía el concierto en algo más participativo, como si banda y público formasen parte de la misma oficina imaginaria.
En la recta final, “Fotos felices” conectó especialmente con la sala gracias a su retrato irónico de esa felicidad permanente que se proyecta en redes sociales. “Ojos superocho” elevó la energía antes de que la banda encarase el cierre con “De la vocación también se sale”, un título que resume bastante bien la filosofía del proyecto.
Y cuando parecía que todo había terminado, Chiquita Movida cerró el círculo del espectáculo de la misma forma en que lo había abierto. Uno a uno, los integrantes volvieron a acercarse al escenario para fichar su salida, como si acabaran de completar su jornada laboral en el IEIEE.
Pero el público no parecía dispuesto a dar la noche por terminada. Los insistentes gritos de “¡otra!” resonaron durante varios minutos en la sala, una reacción que dejaba claro hasta qué punto el espectáculo había conectado con los asistentes.
Lo vivido en la Sala Capitol fue, en definitiva, algo más que la presentación de un disco. Entre canciones, monólogos y situaciones absurdas, Chiquita Movida convirtió el concierto en una pequeña comedia musical donde el público no solo asistía al espectáculo, sino que también parecía formar parte de él. La banda es mucho más que Rayden y Mediyama, un espectáculo totalmente coral en el que si te dejas atrapar por su universo tú también acabarás atrapado en la oficina.
Postdata: No te olvides la corbata la próxima vez !!!!