Una gran masa de tataranietas y tataranietos se encaminaba a Pontevedra, el Recinto Ferial de Pontevedra no parecía un recinto ferial la noche del 9 de mayo de 2026. O, al menos, no uno reconocible en el sentido habitual. Lo que se levantó allí fue otra cosa: un espacio mutable, medio escenario, medio plaza pública, medio ritual contemporáneo. Algo que Fillas de Cassandra llevaba tiempo insinuando sin decirlo del todo: que Tertúlia no era un disco, sino una forma de estar juntas. Desde los primeros minutos ya se intuía que aquello no iba a seguir el guion clásico de “concierto + aplauso + bis”. Había una energía rara, casi eléctrica, pero no solo en el sonido: también en la manera en que el público ocupaba el espacio, en cómo se iban llenando los huecos sin prisa, como si nadie quisiera romper del todo lo que estaba a punto de empezar. Y entonces empezó todo. Pero en realidad, ya había empezado antes. A las 20:00 h, con las puertas abiertas, el recinto ya funcionaba como una extensión ...
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