Las altas temperaturas acompañaron durante buena parte de la jornada, aunque la aparición intermitente de algunas nubes permitió disfrutar de un respiro tanto al público como a las bandas. Un pequeño alivio que se agradeció especialmente conforme avanzaban las horas y que no impidió que el ambiente fuese creciendo progresivamente hasta convertir el recinto en el hervidero habitual de cada edición.
Nuestra primera parada nos llevó hasta el Main Stage, donde Man With a Mission protagonizaba una de las actuaciones más esperadas de la tarde. Además de su regreso a Viveiro, el concierto contaba con un atractivo añadido al tratarse de su única actuación en España durante 2026, motivo más que suficiente para congregar a numerosos seguidores frente al escenario desde bastante antes del inicio.
Fieles a su inconfundible estética con máscaras de lobo, los japoneses ofrecieron un espectáculo tan divertido como enérgico, alternando momentos de contundencia con otros mucho más melódicos y demostrando la enorme versatilidad de una propuesta que combina rock alternativo, metal y electrónica con una naturalidad envidiable. El repertorio arrancó con "Dark Crow" y "When My Devil Rises", marcando desde el principio un ritmo muy elevado que continuó con "INTO THE DEEP", "database", "Dead End in Tokyo", "Raise your Flag" y "Against the Kings and Gods".
Uno de los momentos más celebrados llegó con su particular versión de "Smells Like Teen Spirit", el clásico inmortal de Nirvana, recibida con entusiasmo por un público que acompañó a la banda desde el primer acorde. Ya en la recta final, "Kizuna no Kiseki" sirvió de antesala para el definitivo estallido de "FLY AGAIN", con el Main Stage completamente entregado.
Más comunicativos de lo que cabría imaginar tras unas máscaras que ocultan completamente su identidad, los japoneses se presentaron con un simpático «Somos hombres con una misión desde Japón», arrancando las primeras sonrisas entre el público antes de recordar que aquella suponía su segunda visita al Resurrection Fest, una cita a la que aseguraron estar encantados de regresar.
Mientras tanto, entre canción y canción era inevitable hacerse la misma pregunta que recorría buena parte de las primeras filas: ¿cómo conseguían soportar semejante calor bajo aquellas características máscaras y todo su vestuario? Una curiosidad que no hizo sino aumentar la admiración hacia una banda que mantuvo la intensidad de principio a fin.
Por petición expresa del grupo, no podemos mostrar imágenes de su actuación, una circunstancia poco habitual que respetamos y que convierte este concierto, junto al de President, en una de las excepciones fotográficas de la jornada.
Con el buen sabor de boca que dejaron los japoneses, tocaba abandonar el Main Stage para poner rumbo al Ritual Stage. Allí esperaba una propuesta completamente diferente, pero igualmente representativa de la nueva generación de bandas que está renovando la escena europea.
Era el turno de TSS (The Sunday Sadness), que llevó hasta Viveiro su particular visión del emo metal contemporáneo. Los franceses se presentaron con una formación poco convencional, integrada por guitarra, batería y dos vocalistas, mientras que las programaciones y los elementos electrónicos descansaban sobre bases pregrabadas que completaban el característico sonido de la banda.
Precisamente esa combinación entre contundencia, melodías y electrónica define una propuesta que encontró en las voces uno de sus principales argumentos. La compenetración entre ambos cantantes permitió alternar pasajes más agresivos con otros mucho más melódicos, una fórmula que funcionó especialmente bien en temas como "Would You Be My Therapy?", "Ending Scene" o "DEAD!", dejando muy buenas sensaciones entre quienes se acercaron hasta el Ritual Stage.
Apenas hubo tiempo para recuperar el aliento. El Main Stage reclamaba de nuevo toda la atención con una de las actuaciones que más incógnitas había despertado desde que se anunció el cartel: President.
El misterio que rodea al proyecto y la escasa información conocida sobre sus integrantes habían convertido su actuación en uno de los grandes focos de atención de la jornada. La banda respondió con un concierto intenso, oscuro y cargado de atmósfera que fue creciendo tema a tema. "Fearless" abrió el camino antes de enlazar con "Dionysus", "DOOM LOOP" y "RAGE", mientras el público se iba entregando cada vez más a una propuesta que no necesitó grandes discursos para convencer.
El tramo final, con "Angel Wings", "Conclave", "Mercy" y "Destroy Me", desembocó en una explosiva "In the Name of the Father", momento en el que un gigantesco pogo se adueñó de las primeras filas del Main Stage.
Y cuando todo parecía invitar a una despedida, ocurrió justo lo contrario. Los músicos abandonaron el escenario sin pronunciar una sola palabra. Un final tan enigmático como el propio proyecto, que no hizo más que alimentar la mística que rodea a la banda. Mientras los veíamos desenvolverse sobre las tablas, volvía a surgir la misma pregunta que unas horas antes con Man With a Mission: ¿cómo conseguían soportar las elevadas temperaturas bajo aquellas máscaras y su característica indumentaria?
Al igual que ocurrió con Man With a Mission, President solicitó expresamente que no se realizasen fotografías durante su actuación, motivo por el que tampoco podemos acompañar estas líneas con imágenes del concierto.
Sin abandonar el Main Stage, la intensidad siguió creciendo. Si President había apostado por el misterio y una atmósfera envolvente, Thrown se encargó de transformar esa tensión en una auténtica explosión de energía.
Con el nombre de la banda presidiendo el fondo del escenario, los suecos irrumpieron con una intensidad arrolladora, incrementando las revoluciones tema tras tema hasta convertir el recinto en un auténtico hervidero. El potente trabajo de la sección rítmica hacía vibrar el suelo por momentos, mientras las llamaradas que acompañaban el espectáculo reforzaban el carácter demoledor de una propuesta que apenas concedió un instante de respiro.
La respuesta del público fue inmediata y fue creciendo a medida que avanzaba el concierto. Los pogos se multiplicaban, los circle pits ganaban protagonismo y, con ellos, llegó también la primera gran oleada de crowd surfing de esta edición del Resurrection Fest, con un constante ir y venir de aficionados sobre las manos del público. Temas como "Bloodsucker", "Parasite", "On the Verge" o "Grayout" marcaron el ritmo de una actuación breve pero tremendamente efectiva, confirmando el excelente momento de forma que atraviesa la formación sueca.
Con la adrenalina todavía disparada, tocaba cruzar buena parte del recinto para dirigirse al Desert Stage. Sobre el papel era un simple cambio de escenario, pero terminaría convirtiéndose en uno de esos desplazamientos que acaban marcando una jornada de festival.
Allí esperaba Last Train, una banda que llegaba sin hacer demasiado ruido entre los grandes nombres del cartel, pero que terminó firmando, al menos para nosotros, la gran sorpresa del miércoles. Los franceses ofrecieron un concierto de una sensibilidad extraordinaria, transmitiendo emoción en cada una de las ocho canciones que formaron su repertorio.
Desde los primeros acordes de "Disappointed" quedó claro que aquello iba a ser algo especial. Con un sonido sencillamente impecable, el cuarteto fue alternando momentos de enorme intensidad con otros mucho más íntimos, siempre con una naturalidad admirable y una interpretación cargada de sentimiento. Sin necesidad de grandes artificios ni de una producción espectacular, consiguieron atrapar al público gracias a la fuerza de sus composiciones y a una ejecución prácticamente perfecta.
El cierre con "Way Out" y "The Big Picture" terminó de redondear una actuación sobresaliente que nos dejó con la sensación de haber asistido a uno de esos conciertos que justifican por sí solos una jornada de festival. Entre tantos nombres consolidados, Last Train consiguió convertirse en nuestro descubrimiento del día.
Pero el tiempo apremiaba. Había que regresar al Main Stage para vivir otro de los grandes acontecimientos de la jornada: el esperado debut de A Day To Remember en el Resurrection Fest.
Los estadounidenses aterrizaban en Viveiro con el cartel de única actuación en España durante 2026, un aliciente que convirtió su concierto en una cita imprescindible para miles de seguidores. Antes incluso de que comenzara el espectáculo ya había un detalle que llamaba la atención. A ambos lados de la batería, una veintena de afortunados ganadores de un concurso esperaba para disfrutar del concierto desde el propio escenario, una experiencia privilegiada que añadió un atractivo extra al show.
La banda salió decidida a no perder un segundo y abrió con la infalible "The Downfall of Us All", provocando una inmediata explosión de júbilo entre el público. A partir de ahí fueron cayendo clásicos imprescindibles como "I'm Made of Wax, Larry, What Are You Made Of?", "2nd Sucks", "Right Back at It Again", "Have Faith in Me", "All I Want", "The Plot to Bomb the Panhandle", "If It Means a Lot to You" o el cierre con "All Signs Point to Lauderdale", sin olvidarse de composiciones más recientes como "Bad Blood", "Miracle", "Same Team" o "Resentment", además de su interpretación de "Rescue Me", popularizada junto a Marshmello.


Lejos de recurrir a largos discursos, los estadounidenses dejaron que fuese la música la protagonista. Hablaron poco y tocaron mucho, enlazando canciones con una naturalidad admirable y demostrando una compenetración sobresaliente sobre el escenario. La fiesta se completó con varias explosiones de confeti y serpentinas que terminaron de convertir el Main Stage en una auténtica celebración.
Cuando parecía que el concierto ya había ofrecido todas sus sorpresas, todavía quedaba una última imagen para el recuerdo. Tras la despedida de la banda, decenas de rollos de papel higiénico comenzaron a sobrevolar el recinto desde el escenario, cubriendo las primeras filas y arrancando las sonrisas de un público que acababa de asistir a uno de los conciertos más esperados de toda la edición.
Con la euforia todavía instalada en el recinto, solo quedaba esperar al gran cierre de la noche. Pasada la medianoche, el Main Stage volvió a iluminarse para recibir a Sabaton, encargados de poner el broche de oro a una primera jornada que ya había dejado el listón muy alto.
Los suecos aparecieron escoltados por una producción tan imponente como cabía esperar. Tres enormes tanques de combate dominaban el escenario —dos situados a ambos lados y un tercero en posición central que servía como gigantesca plataforma para la batería— mientras explosiones, llamaradas y efectos visuales acompañaban prácticamente cada tema del repertorio.
La descarga comenzó con "Ghost Division", marcando el tono de una actuación que mantendría el nivel con canciones como "Yamato", "The Red Baron", "The Last Stand", "Great War", "Stormtroopers", "Soldier of Heaven", "Crossing the Rubicon", "Night Witches", "Bismarck", "Hordes of Khan", "Templars", "Coat of Arms" o "To Hell and Back".
Uno de los instantes más especiales llegó con "Christmas Truce", cuando cinco coristas se incorporaron al escenario para reforzar las armonías vocales. La respuesta del público fue inmediata y cientos de linternas de teléfonos móviles iluminaron el recinto, dejando una de las imágenes más emotivas de toda la jornada. Las coristas permanecerían ya sobre el escenario durante el resto del concierto, aportando una nueva dimensión a los coros de la banda.
Entre canción y canción, Sabaton recordó el enorme cariño con el que siempre ha sido recibido en Viveiro. Sus integrantes confesaron sentirse como en casa cada vez que visitan el Resurrection Fest y aseguraron que estarán encantados de regresar siempre que el festival vuelva a llamar a su puerta, unas palabras que fueron respondidas con una sonora ovación por parte del público.
La recta final fue un auténtico desfile de himnos. "Primo Victoria" desató uno de los momentos culminantes de la noche, con miles de voces acompañando a la banda mientras el escenario se convertía en un espectáculo de fuego y explosiones. Puede que en algunos momentos se echase en falta algo más de pegada respecto a otras actuaciones de la jornada, pero si hay algo que Sabaton domina como pocos grupos es el concepto de espectáculo. Su combinación de escenografía, pirotecnia y una colección de himnos perfectamente ejecutados terminó por ofrecer un cierre a la altura de un festival de estas dimensiones.
El Resurrection Fest Estrella Galicia 2026 no pudo arrancar de mejor manera. Debuts largamente esperados, espectáculos de primer nivel y conciertos capaces de sorprender incluso a quienes ya acumulan muchas ediciones a sus espaldas volvieron a demostrar la enorme riqueza de un cartel que sabe combinar leyendas, valores emergentes y propuestas innovadoras.
Y, entre el misterio de President, la contundencia de Thrown, la fiesta de A Day To Remember o la espectacularidad de Sabaton, hubo una banda que consiguió conquistar un hueco especial en nuestra memoria. Last Train no fue el concierto más multitudinario ni el más espectacular de la jornada, pero sí el que más nos emocionó. Porque en festivales como el Resurrection también hay espacio para esos descubrimientos inesperados que, sin hacer demasiado ruido, terminan convirtiéndose en el mejor recuerdo del día.
Os dejamos con la galería de fotos de la jornada: